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Mi Diario a quince de abril de 2004. Jueves.
OBJETIVOS DEL CUARTO DIA: LA PATERNIDAD
I.- Principios:
1.- no métodos;
2.- sí ideas sobre la paternidad responsable
y la educación de los hijos.
TAMBIEN educar para la Iglesia.
Nota Bene: Ofrecer los otros temas en los cursos de continuidad,
tanto pedagógicos como éticos o cristianos, para animarlos a apuntarse.
II.-OBJETIVOS:
1.- idea clara que Paternidad Responsable
no es igual a Control de la Natalidad.
(Paternidad responsable y no paternidad confortable)
2.- la Paternidad Responsable exige procreación y educación de los hijos.
(E amor, en libertad y en responsabilidad)
3.- una educación no es completa si no se educa la FE:
responsabilidad de padres cristianos.
4.- amor fecundo y paternidad responsable.
el amor es siempre fecundo: crea más amor.
a veces se materializa en "un hijo":nuestro amor hecho vida.
5.- Paternidad de Dios:
Nuestra paternidad como cristianos nos asemeja a Dios,
nos une a Dios, participamos de la paternidad de Dios.
6.- El matrimonio cristiano tiene también una paternidad social.
7.- hijos: ¿Cuántos? ¿Cuándo? ¿Cómo?
es importante pero secundario a estas ideas anteriores.
REVISION DE LOS EQUIPOS DE MONITORES
1º.- ¿Han llegado a un concepto claro de qué es la Paternidad responsable?
2º.- La distinguen bien de Control de natalidad y de Paternidad Confortable?
3º.- ¿Han comprendido que la sexualidad fue creada por Dios como medio para conservar la especie, en este caso la especie humana, y que el placer que le acompaña es un incentivo para que deseemos usarla y practicarla con agrado y con deseo?
4º.- ¿La procreación exige responsabilidad, libertad y amor para que sea humana y cristiana?
5º.- ¿Se puede procrear y procrear sin límites, sin tener en cuenta que toda procreación exige inexorablemente educación, y que educar es mucho más que enseñar, pues conlleva que seamos “Maestros”, ejemplo, para nuestros hijos además de transmitirles verdades y valores para el bien?
6º.- ¿Se puede ser padres cristianos sin ser modelos de vida para nuestros hijos, en forma de pensar y vivir, y sin enseñarles el amor a Dios, a Jesús, a su Iglesia y a los hermanos?
7º.- Con todo ¿sabemos que los hijos hay que educarlos en la responsabilidad y en la libertad, es decir en el amor, y que al ser libres hay que respetar esa libertad, como la respeta Dios, aunque la usen de forma distinta a como nosotros desearíamos y los hemos educado?
8º.- El Matrimonio cristiano también tiene una paternidad social. Vivimos en una comunidad humana, civil, y cristiana, parroquial y eclesial. ¿Tienen claro estas ideas y las asumen?
9º.- ¿Cómo afecta a nuestra paternidad humana la Paternidad divina de Dios, sobre todo hombre?
10º.- Ver cómo han asumido todos estos puntos y como se han comprometido a vivirlos.
Reunión de Grupo y Puesta en común.
Hoy fue un día duro. Muy duro. Cuando tocamos el tema de que la vocación matrimonio, el matrimonio para el cristiano es una llamada de Dios, y llamada a compartir su Paternidad Universal, Ángel y Enma, bueno, sobre todo Ángel, afirmó rotundamente que no podía entender que fuera obligatorio tener hijos. Que la pareja tenía sentido en sí misma y que no necesitaba de los hijos para ser ni feliz ni completa.
Creo que fue Cristina la que le replicó diciendo que Dios, para un cristiano, los hizo hombre y mujer, “varón y varona los creó” y que el sexo tiene como fundamento la conservación de la especie. Tiene otro efecto querido y creado también por Dios que es precisamente la unión y conservación de la pareja en el tiempo, sin que sea como antes se decía fin primario y secundario.
Los dos son importantes y principales y el mismo bien de la unión en permanencia es un bien necesario también para la crianza y educación de la prole, los hijos, que deben vivir en ese maravilloso hogar que es el amor de los padres.
Son pues un bien como en una sola pieza con dos partes bien definidas pero necesarias la una de la otra para ser una sola pieza: el matrimonio incluso humano, que no estamos hablando del sacramento, sino del matrimonio que pertenece a la misma naturaleza de las personas humanas.
Por eso Ángel terminó Cristina, que se lo sabe muy bien pues estudió en Las Dominicas y le dio clase el Padre Juan Ramírez, si se excluye “para siempre y por siempre” es decir “no, nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia tendremos ningún hijo” ese matrimonio en verdad es nulo o inválido, y desde luego lo es el Sacramento si se recibe. Incluso aunque sea una decisión “sub pectore”, no manifestada pero guardada y firme.
Otra cosa bien distinta es que “no puedan tener hijos” aún buscándolo o que por enfermedad o accidente la unión o la procreación sean imposibles. El algunos de estos casos el Sacramento hay que recibirlo con dispensa del Obispo, y desde luego aún sin ser obligatoria siempre queda la paternidad espiritual o social, que se puede materializar en la adopción o en volcarse sobre niños o adolescentes e incluso personas mayores para ayudarles y confortarles.
La pareja efectivamente tiene sentido en sí misma, con o sin los hijos como vocación de volver al Padre juntos y de la mano “en ayuda mutua” como dice el Génesis. Y desde luego pueden alcanzar su “parcial felicidad”, la felicidad nunca es plena sino en el cielo, por la presencia y posesión de Dios, en la vida en común. “proyecto y realización de la vida en común”.
Pero los hijos son como la vocación al amor desbordado y desbordante que como todo amor y cómo el amor de Dios es difusivo de por si, “per se”, y tiende a comunicarse y multiplicarse.
Es la entrada personal de la pareja humana en la misma naturaleza Paternal de Dios, “Dios es nuestro Padre”, naturaleza divina, y por tanto una integración en el amor de Dios a los hombres, individual y personalizado. Yo conozco mis ovejas y mis ovejas me conocen a mi” y ”a cada una la llamo por su nombre”
¿Se puede llegar a riqueza mayor o a compenetración con el Creador?
Bueno este es el resumen de mil aportaciones, aclaraciones, y puntos de vistas de los miembros del grupo. Salieron otras muchas cosas pero no soy capaz de resumirlas todas pues me pasaría escribiendo toda la noche.
Nosotros, Señor, sí, sí queremos ser padres. Y tantas veces como tu quieras pues no queremos que se quede sin nacer ningún hijo tuyo que estuviera en tu proyecto y amor. Tampoco queremos que sean hijos de nuestra inconciencia o irresponsabilidad, que aunque tú desde luego los amarías con todo tu amor paterno como hijos, “sería como forzar a creación” y hacer que tú Voluntad de Dios fuera nuestra pobre voluntad irresponsable de hombres.
Pero si no te place enviárnoslos porque así está en tu Santísima Voluntad amorosa de Dios acatamos con amor y respeto de hijos tuyo tu respeto y amor hacia nosotros de Padre.
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sábado, 11 de agosto de 2007
20.- "El matrimonio se hizo Sacramento"
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Mi Diario a dieciséis de abril de 2004. Viernes.
OBJETIVOS DEL QUINTO TEMA: EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
I.- PRINCIPIOS:
1.- Dios se hace alianza con la pareja.
2.- La pareja hace alianza con Dios.
3.- Dios, Padre amoroso, NUNCA falla:
4.- La pareja SIEMPRE tendrá SU fuerza (Gracia) para cumplir su compromiso.
Nora Bene. Ofrecer una profundización en el Sacramento como fuente de amor
y gracia para vivir "rumbo al amor", de cara a ellos mismos, los hijos y los demás.
II.- OBJETIVOS:
1.- se han comprometido a ser una pareja cristiana de cara a ellos mismos y a sus hijos.
2.- el sacramento exige amor y el amor donación plena
3.- esa donación es fidelidad permanente y unidad indisoluble.
4.- en concreto a que se comprometen:
III.- REVISION DE LOS EQUIPOS DE MONITORES
El Cursillo ha sido formidable. Cómo he recordado el mío. Cómo lo hemos vuelto a vivir y saborear José Carlos y yo. Qué fuerte ha sido el examen de conciencia de nuestra vida cristiana y de cómo hemos vivido lo comprometido desde nuestro cursillo. Cuantas gracias a Dios por “llamarnos” a formar esta pequeña Iglesia suya que es nuestro Grupo.
Ya se ha terminado. Ya se han despedido. Ya han sido los abrazos, hasta las lágrimas y los besos.
Tengo que decir que nos ha quedado la tristeza de la partida y ruptura de Ignacio y Magnolia. Feliz nos ha dicho que el Cursillo también sirve, por muy doloroso que sea, para esto. Para separar la cizaña del trigo, para no unir lo que Dios no desea que sea unido, y unido será un fracaso más y un error vital.
Voy a dar dos pinchadas de los puntos fundamentales del tema de hoy: El Sacramento, signo sagrado, pues, en que se hace presente la Persona misma de Jesús.
La primera idea que admiró a más de uno, así lo manifestaron en la puesta en común o reunión general, fue que el Sacramento fuera una Alianza, en dos direcciones, pues, de la pareja contrayente con Dios y de Dios con los novios.
Algún grupo destacó que la fuerza del Sacramento era tal que Dios se comprometía a dar fuerza a la pareja, siempre, subrayaron el siempre, para amarse hasta el final, hasta que la muerte los separe. Más allá de la muerte es libertad de la pareja, pero el amor si fue amor verdadero, permanecerá toda la eternidad aunque pudiera haber segundas nupcias.
La segunda que el Sacramento no es algo que se recibe y se acaba. Como una perfección alcanzada. Sino “una gracia”, la gracia sacramental específica de cada sacramento, que se vive todos los días de nuestro matrimonio y en cada instante, estemos juntos o separados, y que nos debe llevar a vivir nuestro amor como espejo del amor de Dios a los hombres y de Cristo a su Iglesia. Seremos “un mirar como se aman” pues si se aman así Dios debe estar dentro de ellos, y viven la fuerza de su Amor.
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Mi Diario a dieciséis de abril de 2004. Viernes.
OBJETIVOS DEL QUINTO TEMA: EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
I.- PRINCIPIOS:
1.- Dios se hace alianza con la pareja.
2.- La pareja hace alianza con Dios.
3.- Dios, Padre amoroso, NUNCA falla:
4.- La pareja SIEMPRE tendrá SU fuerza (Gracia) para cumplir su compromiso.
Nora Bene. Ofrecer una profundización en el Sacramento como fuente de amor
y gracia para vivir "rumbo al amor", de cara a ellos mismos, los hijos y los demás.
II.- OBJETIVOS:
1.- se han comprometido a ser una pareja cristiana de cara a ellos mismos y a sus hijos.
2.- el sacramento exige amor y el amor donación plena
3.- esa donación es fidelidad permanente y unidad indisoluble.
4.- en concreto a que se comprometen:
III.- REVISION DE LOS EQUIPOS DE MONITORES
El Cursillo ha sido formidable. Cómo he recordado el mío. Cómo lo hemos vuelto a vivir y saborear José Carlos y yo. Qué fuerte ha sido el examen de conciencia de nuestra vida cristiana y de cómo hemos vivido lo comprometido desde nuestro cursillo. Cuantas gracias a Dios por “llamarnos” a formar esta pequeña Iglesia suya que es nuestro Grupo.
Ya se ha terminado. Ya se han despedido. Ya han sido los abrazos, hasta las lágrimas y los besos.
Tengo que decir que nos ha quedado la tristeza de la partida y ruptura de Ignacio y Magnolia. Feliz nos ha dicho que el Cursillo también sirve, por muy doloroso que sea, para esto. Para separar la cizaña del trigo, para no unir lo que Dios no desea que sea unido, y unido será un fracaso más y un error vital.
Voy a dar dos pinchadas de los puntos fundamentales del tema de hoy: El Sacramento, signo sagrado, pues, en que se hace presente la Persona misma de Jesús.
La primera idea que admiró a más de uno, así lo manifestaron en la puesta en común o reunión general, fue que el Sacramento fuera una Alianza, en dos direcciones, pues, de la pareja contrayente con Dios y de Dios con los novios.
Algún grupo destacó que la fuerza del Sacramento era tal que Dios se comprometía a dar fuerza a la pareja, siempre, subrayaron el siempre, para amarse hasta el final, hasta que la muerte los separe. Más allá de la muerte es libertad de la pareja, pero el amor si fue amor verdadero, permanecerá toda la eternidad aunque pudiera haber segundas nupcias.
La segunda que el Sacramento no es algo que se recibe y se acaba. Como una perfección alcanzada. Sino “una gracia”, la gracia sacramental específica de cada sacramento, que se vive todos los días de nuestro matrimonio y en cada instante, estemos juntos o separados, y que nos debe llevar a vivir nuestro amor como espejo del amor de Dios a los hombres y de Cristo a su Iglesia. Seremos “un mirar como se aman” pues si se aman así Dios debe estar dentro de ellos, y viven la fuerza de su Amor.
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21.- "El fracaso extrepitoso del Cursillo"
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Mi Diario a diecisiete de abril de 2004. Sábado.
Vengo de El Madroñal, con el corazón encogido y desesperanzado. De nuestro grupo no han acudido ninguna pareja. ¡Ninguna! ¡Dios mío en que te hemos fallado! ¡Qué tristeza, que desfallecimiento, que amargura, que fracaso!
Carlos ya no los advirtió pero yo no quise creérmelo. Fui soberbia y a los soberbios despidió vacíos
Llegamos a El Madroñal, yo algo nerviosa, José Carlos como siempre sereno, pues es un forofo de la Voluntad de Dios y de acertar las cosas como El nos la manda o las consiente, pues dice que Dios es tan respetuoso con nuestra voluntad y libertad que hasta “nos ayuda” a ser libres en contra de su propia Voluntad o deseo. Está en nuestros actos por “esencia, presencia y potencia”, dice que así se lo enseñaron en su Cole, su magnífico profesor de Religión el hoy Padre Alfredo, entonces Don Alfredo, en el texto de Dogma, Moral, Iglesia, Sacramentos, etc., de Padre Domingo Lázaro S.M, creo que lo quieren hacer santo, y así parece, misterio insondable, que es coayudante de esas mismas decisiones, que el acepta pero que no son exactamente lo que soñaba para nosotros.
Sí, nerviosa, nerviosísima, por ver si aparecían algunas parejas de las del Cursillo de ayer. Y llegamos pronto para que si llegaban no se encontraran solas y desamparadas. Llego la hora de la Misa y no llegó ninguna. Ninguna, Dios santo. NIN GU NA. NA DIE. Empezó la Misa, terminó la Misa, empezó la reunión, medio la reunión, terminó la reunión y NADIE.
Tenía ganas, unas ganas enormes e incontrolables, de coger el móvil y llamar a dos o tres parejas, de las de mi grupo y de las de Mónica y ponerlas como chupa de dómine, pues se habían comprometido al menos “a probar” unas, y muy interesadas otras. Pero nadie.
Casi lloré. Bueno creo que lloré. Y casi se lo reproché al Señor.
Cuando nos metimos en el coche de vuelta, no quise ni pude comentarlo con Mónica ni con los demás, exploté y se lo espeté a bocajarro a José Carlos.
Con una serenidad que a mi me admira, en ese momento casi me pone furiosa, me dijo: “Si el Señor no construye la Casa en vano se afanan los albañiles” “Bernabé sembró, Pablo regó, y sólo el Señor es quien debe recoger la mies” No es así exactamente pero creo que esa es la idea de la cita de San Pablo. Te la buscaré.
Cuando me dejó en casa y subí a mi cuarto me puse de rodillas a lado de la cama, miré al Crucifijo de mi abuela, que presidirá mi cama de casada, callé profundamente y dejé que el Señor me hablara quedamente en el fondo de mi corazón.
¿En qué te fallé, Señor? ¿He rezado poco? ¿M he preocupado poco? ¿Me he sacrificado poco? ¿No hemos preparado una “intendencia” del Cursillo, con oraciones de Conventos de Clausura y de muchos cristianos y Parroquias, y Tú no has podido obrar “algún milagro” de “conversión”?
¿Quién te ha dicho a ti, me contestó, que yo tengo que ir haciendo milagritos por ahí para que las cosas funcionen a “TU” gusto?
¿Porqué no respeta la libertad de tu prójimo y hermano como yo la respeto? Porqué crees que con sólo tus fuerzas y organización las cosas “sobrenaturales” van a funcionar con las leyes “naturales.” ¿No has visto como hoy muchas Diócesis, Parroquias, Secretariados, Delegaciones, etc. con organigramas, miles de reuniones, discusiones, ordenadores, hojas de propaganda, y mil medios más, se quedan solo en las hojas y no dan ningún fruto coma la higuera estéril?
Han puesto el tramo horizontal de la cruz y se han olvidado o descuidado del tramo vertical. Yo,
Tu Dios, no necesito ningún ordenador para “tocar” y “conmover” un alma. Sí necesito el propio consentimiento de esa misma alma, que quiero me escoja y ame libremente.
Y ten paciencia. La semilla que cae en buena tierra, y esas parejas de novios de las que me hablas tierra muy buena son, necesita un tiempo para germinar y empezar a brotar, y luego un riego y un cuidado exquisito para crecer y hacer árbol como tú. Ten confianza en mí y “espera en el Señor”.
“Mi alma espera en el Señor, más que el centinela la aurora. Mi alma confía en el Señor, porque solo en Ti, mi Dios y Redentor, está la salvación”. Me metí en la cama y me dormí tranquila.
Se de quién me he fiado.
Mi Diario a dieciocho de abril de 2004. Domingo.
Como yo muchas veces escribo las notas del día anterior al día siguiente, fechándolo en su día real, hoy domingo antes de cerrar página y pasar al día siguiente quiero comunicarte, mi querido Diario, que a veces Jesús parece que te decepciona, que te abandona, que te hace sufrir, para que luego veas más claro, como es El y sólo El, el que obra y construye la casa. “Sin mí nada podéis hacer”. Sin Ti Señor y Tú lo sabes, “siervos inútiles somos”. “Nadie va al Padre sino por Mí”
¿Por qué pues me gastaste esta “broma”, Señor?
Resulta que José Pablo y Marisa, bueno creo que es mejor que os lo cuente desde cómo terminó el Cursillo.
El último día fue ya el culmen. Marisa, la novia de José Pablo, explotó en un canto de alabanzas y agradecimiento. Que había vuelto a encontrar a Dios, y sobre todo la fe en Jesucristo, al que de niña había amado casi como un ídolo, qué cómo había revivido su Primera Comunión, con intensiva y devoción, que ayer antes de venir al Cursillo fueron los dos a una Misa de tarde, que habían replanteado su noviazgo, su vida y sobre todo sus apetencias y metas como pareja en charlas a veces hasta las dos de la mañana cuando José Pablo la llevaba a casa, aparcados delante de su portal.
Todos habíamos traído algo para picar y beber pero nos echaron a las una y media, mañana es sábado y sin trabajo, pero Don Matías, sí madruga para tocar el órgano en la Catedral y es algo dormilón.
Qué abrazos al final del cursillo en las despedidas. Tengo seis teléfonos y cinco tarjetas de boda para ir a la Iglesia al menos “a verlos casar”
José Pablo y Marisa, Juan y Lucia, Bernabé y Guacimara, y Cristina y Alejandro, hicieron un aparte con nosotros y con los monitores para decirnos que por favor les llamáramos, tras su viaje de novios para comenzar enseguida un segundo grupo. Sus palabras fueron para incorporarse a nuestro Grupo.
Se ha formado pues, un segundo grupo. Dos parejas del primer cursillo, del nuestro, que lo estaban deseando y que de vez en cuando venían a nuestras reuniones, como Ernesto y Julia, Yasmina, Lala, y cuatro parejas de este segundo cursillo, pues al fin Juan y Lucia parece que vieron bien claro la luz. Quedan otras tres o cuatro en la cuerda floja, dos de ellas, entre el sí y el no, y dos de ellas, y otras dos indecisas, por no adquirir más compromisos. Pero todas ya sin hueco en este grupo. Veremos cómo nos las arreglamos pus no le podemos poner pegas al Señor.
Bueno veis cómo yo tenía esperanzas de ver llegar al menos a cuatro parejas de este cursillo. Pero la puerta se quedó abierta y vacía.
Hoy domingo, cado yo me moría de impaciencia por llamarlas, y El Señor aguantaba mi mano, sonó el teléfono bastante temprano. Era Marisa. Ana llegué a casa con treinta nueve de fiebre. Debí coger frío y humedad en ese Madroñal que parece más bien una piscina que una sala de reuniones. A pesar del calor humano el frío de abril por una vez se me coló en el cuerpo. Ayer me lo pasé todo el día en la cama casi tiritando y hoy que estoy mejor me he decidido a telefonearte para disculparnos por o haber podido ir ayer a El Madroñal. Le dije a José Pablo que te llamara pero se lió con las obras de nuestro piso, le están ayudando su padre y sus hermanos y aprovechan sábados y fiestas para adelantar como locos, y se le pasó. Cogí un disgusto cuando me lo dijo. Pero todo sigue en pie. Estoy deseando d que vuelva a ser sábado para vernos en El Madroñal.
Y la conversación siguió durante casi media hora. No le dije nada del “fracaso de nadie” pues mi alegría era tanta que no quería entristecerla más.
Y colgando llamó Bernabé y Guacimara, que perdonáramos pero que habían olvidado que quedaron con unos amigos de siempre para cenar y salir a bailar, y que nos llamaron al móvil pero que estaba cerrado, nos dejaron un mensaje, pero debíamos estar en Misa y yo ni lo he mirado.
Alejandro y Cristina aún no me han dicho nada pero creo que se tenían que ir al Sur con sus padres y ahora recuerdo que sí nos lo habían dicho al despedirse, pero ente tanto besos y abrazos se me olvidó por completo.
Sólo quedan de las cuatro parejas fijas Juan y Lucía, que no sé si es que han vuelto a perder la luz y encontrase de nuevo en las sombras en claro oscuro que les da miedo a un compromiso tan fuerte. El de vivir en pareja cristiana lo tiene asumido, pero reunirse y comprometerse a dedicar tanto tiempo a su formación y piedad debe darles aún un poco de pánico y ni se atrevieron a comunicároslo hasta que se les aclaren sus ideas.
Solo queda rezar. Sólo el Espíritu Santo es Luz. Luz de Luz, Verdad de Dios verdadero, del verdadero Dios.
De todas formas sé que me llamarán. Señor, la esperanza y paciencia y la paciencia es fruto maravilloso de la esperanza.
Ahora Señor no me falta más que ponerme de rodillas al pie de mi Crucifijo y hablarte:
“Mi alma engrandece al Señor, porque ha visto la pequeñez y menudencia de su esclava, pero El es grande y ha hecho en su Iglesia, en su pequeña Iglesia de “El Madroñal” maravillas. Gloria al Señor”
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Mi Diario a diecisiete de abril de 2004. Sábado.
Vengo de El Madroñal, con el corazón encogido y desesperanzado. De nuestro grupo no han acudido ninguna pareja. ¡Ninguna! ¡Dios mío en que te hemos fallado! ¡Qué tristeza, que desfallecimiento, que amargura, que fracaso!
Carlos ya no los advirtió pero yo no quise creérmelo. Fui soberbia y a los soberbios despidió vacíos
Llegamos a El Madroñal, yo algo nerviosa, José Carlos como siempre sereno, pues es un forofo de la Voluntad de Dios y de acertar las cosas como El nos la manda o las consiente, pues dice que Dios es tan respetuoso con nuestra voluntad y libertad que hasta “nos ayuda” a ser libres en contra de su propia Voluntad o deseo. Está en nuestros actos por “esencia, presencia y potencia”, dice que así se lo enseñaron en su Cole, su magnífico profesor de Religión el hoy Padre Alfredo, entonces Don Alfredo, en el texto de Dogma, Moral, Iglesia, Sacramentos, etc., de Padre Domingo Lázaro S.M, creo que lo quieren hacer santo, y así parece, misterio insondable, que es coayudante de esas mismas decisiones, que el acepta pero que no son exactamente lo que soñaba para nosotros.
Sí, nerviosa, nerviosísima, por ver si aparecían algunas parejas de las del Cursillo de ayer. Y llegamos pronto para que si llegaban no se encontraran solas y desamparadas. Llego la hora de la Misa y no llegó ninguna. Ninguna, Dios santo. NIN GU NA. NA DIE. Empezó la Misa, terminó la Misa, empezó la reunión, medio la reunión, terminó la reunión y NADIE.
Tenía ganas, unas ganas enormes e incontrolables, de coger el móvil y llamar a dos o tres parejas, de las de mi grupo y de las de Mónica y ponerlas como chupa de dómine, pues se habían comprometido al menos “a probar” unas, y muy interesadas otras. Pero nadie.
Casi lloré. Bueno creo que lloré. Y casi se lo reproché al Señor.
Cuando nos metimos en el coche de vuelta, no quise ni pude comentarlo con Mónica ni con los demás, exploté y se lo espeté a bocajarro a José Carlos.
Con una serenidad que a mi me admira, en ese momento casi me pone furiosa, me dijo: “Si el Señor no construye la Casa en vano se afanan los albañiles” “Bernabé sembró, Pablo regó, y sólo el Señor es quien debe recoger la mies” No es así exactamente pero creo que esa es la idea de la cita de San Pablo. Te la buscaré.
Cuando me dejó en casa y subí a mi cuarto me puse de rodillas a lado de la cama, miré al Crucifijo de mi abuela, que presidirá mi cama de casada, callé profundamente y dejé que el Señor me hablara quedamente en el fondo de mi corazón.
¿En qué te fallé, Señor? ¿He rezado poco? ¿M he preocupado poco? ¿Me he sacrificado poco? ¿No hemos preparado una “intendencia” del Cursillo, con oraciones de Conventos de Clausura y de muchos cristianos y Parroquias, y Tú no has podido obrar “algún milagro” de “conversión”?
¿Quién te ha dicho a ti, me contestó, que yo tengo que ir haciendo milagritos por ahí para que las cosas funcionen a “TU” gusto?
¿Porqué no respeta la libertad de tu prójimo y hermano como yo la respeto? Porqué crees que con sólo tus fuerzas y organización las cosas “sobrenaturales” van a funcionar con las leyes “naturales.” ¿No has visto como hoy muchas Diócesis, Parroquias, Secretariados, Delegaciones, etc. con organigramas, miles de reuniones, discusiones, ordenadores, hojas de propaganda, y mil medios más, se quedan solo en las hojas y no dan ningún fruto coma la higuera estéril?
Han puesto el tramo horizontal de la cruz y se han olvidado o descuidado del tramo vertical. Yo,
Tu Dios, no necesito ningún ordenador para “tocar” y “conmover” un alma. Sí necesito el propio consentimiento de esa misma alma, que quiero me escoja y ame libremente.
Y ten paciencia. La semilla que cae en buena tierra, y esas parejas de novios de las que me hablas tierra muy buena son, necesita un tiempo para germinar y empezar a brotar, y luego un riego y un cuidado exquisito para crecer y hacer árbol como tú. Ten confianza en mí y “espera en el Señor”.
“Mi alma espera en el Señor, más que el centinela la aurora. Mi alma confía en el Señor, porque solo en Ti, mi Dios y Redentor, está la salvación”. Me metí en la cama y me dormí tranquila.
Se de quién me he fiado.
Mi Diario a dieciocho de abril de 2004. Domingo.
Como yo muchas veces escribo las notas del día anterior al día siguiente, fechándolo en su día real, hoy domingo antes de cerrar página y pasar al día siguiente quiero comunicarte, mi querido Diario, que a veces Jesús parece que te decepciona, que te abandona, que te hace sufrir, para que luego veas más claro, como es El y sólo El, el que obra y construye la casa. “Sin mí nada podéis hacer”. Sin Ti Señor y Tú lo sabes, “siervos inútiles somos”. “Nadie va al Padre sino por Mí”
¿Por qué pues me gastaste esta “broma”, Señor?
Resulta que José Pablo y Marisa, bueno creo que es mejor que os lo cuente desde cómo terminó el Cursillo.
El último día fue ya el culmen. Marisa, la novia de José Pablo, explotó en un canto de alabanzas y agradecimiento. Que había vuelto a encontrar a Dios, y sobre todo la fe en Jesucristo, al que de niña había amado casi como un ídolo, qué cómo había revivido su Primera Comunión, con intensiva y devoción, que ayer antes de venir al Cursillo fueron los dos a una Misa de tarde, que habían replanteado su noviazgo, su vida y sobre todo sus apetencias y metas como pareja en charlas a veces hasta las dos de la mañana cuando José Pablo la llevaba a casa, aparcados delante de su portal.
Todos habíamos traído algo para picar y beber pero nos echaron a las una y media, mañana es sábado y sin trabajo, pero Don Matías, sí madruga para tocar el órgano en la Catedral y es algo dormilón.
Qué abrazos al final del cursillo en las despedidas. Tengo seis teléfonos y cinco tarjetas de boda para ir a la Iglesia al menos “a verlos casar”
José Pablo y Marisa, Juan y Lucia, Bernabé y Guacimara, y Cristina y Alejandro, hicieron un aparte con nosotros y con los monitores para decirnos que por favor les llamáramos, tras su viaje de novios para comenzar enseguida un segundo grupo. Sus palabras fueron para incorporarse a nuestro Grupo.
Se ha formado pues, un segundo grupo. Dos parejas del primer cursillo, del nuestro, que lo estaban deseando y que de vez en cuando venían a nuestras reuniones, como Ernesto y Julia, Yasmina, Lala, y cuatro parejas de este segundo cursillo, pues al fin Juan y Lucia parece que vieron bien claro la luz. Quedan otras tres o cuatro en la cuerda floja, dos de ellas, entre el sí y el no, y dos de ellas, y otras dos indecisas, por no adquirir más compromisos. Pero todas ya sin hueco en este grupo. Veremos cómo nos las arreglamos pus no le podemos poner pegas al Señor.
Bueno veis cómo yo tenía esperanzas de ver llegar al menos a cuatro parejas de este cursillo. Pero la puerta se quedó abierta y vacía.
Hoy domingo, cado yo me moría de impaciencia por llamarlas, y El Señor aguantaba mi mano, sonó el teléfono bastante temprano. Era Marisa. Ana llegué a casa con treinta nueve de fiebre. Debí coger frío y humedad en ese Madroñal que parece más bien una piscina que una sala de reuniones. A pesar del calor humano el frío de abril por una vez se me coló en el cuerpo. Ayer me lo pasé todo el día en la cama casi tiritando y hoy que estoy mejor me he decidido a telefonearte para disculparnos por o haber podido ir ayer a El Madroñal. Le dije a José Pablo que te llamara pero se lió con las obras de nuestro piso, le están ayudando su padre y sus hermanos y aprovechan sábados y fiestas para adelantar como locos, y se le pasó. Cogí un disgusto cuando me lo dijo. Pero todo sigue en pie. Estoy deseando d que vuelva a ser sábado para vernos en El Madroñal.
Y la conversación siguió durante casi media hora. No le dije nada del “fracaso de nadie” pues mi alegría era tanta que no quería entristecerla más.
Y colgando llamó Bernabé y Guacimara, que perdonáramos pero que habían olvidado que quedaron con unos amigos de siempre para cenar y salir a bailar, y que nos llamaron al móvil pero que estaba cerrado, nos dejaron un mensaje, pero debíamos estar en Misa y yo ni lo he mirado.
Alejandro y Cristina aún no me han dicho nada pero creo que se tenían que ir al Sur con sus padres y ahora recuerdo que sí nos lo habían dicho al despedirse, pero ente tanto besos y abrazos se me olvidó por completo.
Sólo quedan de las cuatro parejas fijas Juan y Lucía, que no sé si es que han vuelto a perder la luz y encontrase de nuevo en las sombras en claro oscuro que les da miedo a un compromiso tan fuerte. El de vivir en pareja cristiana lo tiene asumido, pero reunirse y comprometerse a dedicar tanto tiempo a su formación y piedad debe darles aún un poco de pánico y ni se atrevieron a comunicároslo hasta que se les aclaren sus ideas.
Solo queda rezar. Sólo el Espíritu Santo es Luz. Luz de Luz, Verdad de Dios verdadero, del verdadero Dios.
De todas formas sé que me llamarán. Señor, la esperanza y paciencia y la paciencia es fruto maravilloso de la esperanza.
Ahora Señor no me falta más que ponerme de rodillas al pie de mi Crucifijo y hablarte:
“Mi alma engrandece al Señor, porque ha visto la pequeñez y menudencia de su esclava, pero El es grande y ha hecho en su Iglesia, en su pequeña Iglesia de “El Madroñal” maravillas. Gloria al Señor”
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22.- "A tu imagen y semejanza. Un Dios chiquitito"
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HUMILDAD Y VERDAD.
Mi Diario. Reunión del veinticuatro de abril de 2004. Sábado.
(Ver “Tu dios no es seguramente Dios.”)
Siempre exige humildad y verdad.
Primero he de decirte, mi amado Diario, que ayer viernes fue el santo de Jorge, de Giorgio. Nos reunimos por la noche en su casa y no teníamos ninguno de nosotros ganas de que terminara la pequeña fiesta. Clara se volcó preparándolo todo, muy sencillo pero riquísimo y apetitoso. Pero a todos nos pareció un ratito pequeño, muy corto y pequeño, para celebrarlo. Unas copas y unos canapés, que me sirvieron de cena desde luego, y después un rato largo de charla y convivencia.
Hablamos de todo pero sobre todo de Bodas. Mónica y Francisco Javier se casaron en enero, en julio del año pasado, todavía no han hecho el año, María y Tomás, y en octubre también del año pasado Isabela y Juan Carlos. En mayo de este año, ya, como quién dice, nos casamos nosotros, Julia y Ernesto se casaron nada más terminar el Cursillo y estaban casados Magdalena y Pedro y Clara y Jorge. Así que somos los últimos y ya casi no quedan días. Nos fuimos muy tarde, a las dos o dos y media, pero como mañana es sábado dormiremos un rato más, José Carlos, aunque impaciente, me dejará dormir, y yo tengo tiempo de corregir y ampliar mi Diario, tras desayunar un poco y hacer un poco de gimnasia para encontrarme tiposa y fuete para la boda.
Bueno entro en “harina” del tema de hoy sábado. Aunque lo suelo escribir los domingos, los sábados noche vengo dormida, lo fecho en su día para llevar más orden. Fue más o menos así.
Te diré que este tema me gustó extraordinariamente pues cuando fallamos a Dios, empezamos a crearnos ídolos de barro, porque es tan fuerte la huella de Dios en el alma humana, que aún en la mayor inconciencia y en el mayor rechazo, siempre nos queda la duda razonable de si Dios existe.
Estoy convencido nos dijo Carlos de que no existen ateos. “Convencidos intelectualmente, otra cosa es sentimentalmente o interesadamente, de que Dios no existe.” Existen hombres, muchos hombres incluso a veces hasta los santos, que en algún momento dudan de su existencia, y algunos, los agnósticos, que le niegan de boca para afuera pero que de inteligencia para dentro son una duda permanente, y si son honrados consigo mismo viven en la duda pero no en el convencimiento.
Esta es la carta de cómo si andamos enredados en nuestra pequeñez y en nuestros egoísmos a veces Dios no sobra, nos cuestiona, nos incomoda y entonces prescindimos de El y nos hacemos dioses chiquititos a la medida de nuestras miserias.
A Naira.
En verdad, Naira, has hecho un dios chiquitito, a tu medida. En vez de hacerte tú a imagen y semejanza de Dios, te has hecho un dios a tu imagen y semejanza, y naturalmente ha tenido que salir muy pequeñito, como tú, criatura creada al fin y al cabo y no la mayor de la Creación.
El amor es la Verdad. No podemos engañarnos a nosotros mismos ni contándonos mentiras ni creyéndonoslas luego. Y esto es lo que hacemos cuando la verdad nos estorba. Unos se hacen un ídolo de barro, los que su sexualidad se les desborda más allá de la verdad y el bien, y se rellena de sus debilidades, apetencias, conveniencias y comodidad, son los que su cuerpo les ha impuesto una esclavitud de sexo y no lo quieren admitir, los límites evangélicos no son ni humanos ni de Cristo, sino de una Iglesia atenazadora y timorata. “Porque cinco marido has tenido y con el que ahora vives no es marido tuyo” te estalló en los oídos, saliste espantada de la Misa porque aquello hería gravemente tu corazón y tu conciencia, y entonces, sí, Naira entonces, como la verdad de la moral del Amor, la moral de Cristo es una moral no de obligaciones y normas sino una moral del amor, es dura, “porque el camino es estrecho”, y tu andabas por la autopista de tus deseos y tus hombres, sí ya lo sé, no te entregaste a ninguno sin estar enamorada, pero ese era el límite de tus exigencias, estar enamorada cuando eso es fácil para ti, tú que eres muy enamoradiza, (¿no habrás estado más bien muy enamoriscada, no te habrás enamorado, pero nunca has estado de verdad enamorada?, ¿acaso tu misma una o dos veces no me has dicho que dudabas de la autenticidad de tu propio amor?) empezaste a agrandar los límites del amor hasta desfigurarlos en la apertura de tus conveniencias, y legalizar en tu conciencia toda unión carnal y sexual, te suena duro verdad, tu le llamas “acostarse”, “hacer el amor”, “vivir juntos”, palabras más suaves para que no te hieran, y a hacerte tu propia moral, ancha como los deseos vehemente e incontrolados de tu cuerpo, que tu dices entregar sólo cuando racionalmente lo decides, ¿de verdad te lo crees que no te desborda la esclavitud del sexo? , y a fabricarte tu ídolo de barro y tu dios chiquitito a la imagen de tu sexo “anhelante de amor”, tú lo llamas amor, y por tanto a desechar eso sí muy suavemente, sin pelearte del todo con El, al Dios verdadero.
YO soy el Camino, la VERDAD y la vida. Como habías desfigurado la verdad del sexo y el matrimonio, “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”, y tu lo has separado por lo menos esas cinco veces, tuviste que desfigurar la persona de Cristo y su mensaje evangélico. Y es curioso, cuando tocamos por error, debilidad o conveniencia un punto de nuestro credo, de Credo Apostólico, inmediatamente empiezan a resentirse, a debilitarse y a resquebrajarse todos sus versículos. Al no aceptar la unidad del matrimonio, Cristo ahí está hablando el matrimonio natural, tal como creó la unión del hombre y la mujer, inmediatamente debilitas, resquebrajas y se resiente toda la persona de Cristo y todo su mensaje. Ya no te cuadra un Cristo Dios, segunda Persona de la Trinidad, y empiezas a dudar del Dios Trino, te quedas en una divinidad etérea, sin contornos, impersonal, más cerca del concepto de las creencias orientales que del Evangelio, su mensaje se difumina, la Vulgata se hace capricho de la Iglesia, valen al menos algunos apócrifos o los textos del Mar Muerto, se han manipulados los texto para adatarlos a la doctrina y no ha salido la doctrina de los texto, San Agustín es una de los grandes errores de la historia eclesial y llegas casi a un panteísmo absurdo confundiendo la divinidad de Dios, su esencia y existencia objetivamente independiente y trascendente con la presencia del Creador en su creación objetivamente externa a Él, y su vinculación a ella, como dice Tomás de Aquino, por esencia, presencia y potencia.
Ya estás rozando el Budismo, sincretismo, el nirvana, a Zoroastro e incluso a Mahoma.
Todas las fe son iguales y si tocas dentro del cristianismo, los Iluministas o iluminados más bien, las beduinas o las corrientes actuales de zen y orientalismos donde todo cabe, todo entra y tu dios pequeñito puede ser el dios de tus vaciados interiores, de tus sentadas, perdona, más llenas de ensoñaciones que de realidad.
No te voy a negar que en todas estas corrientes haya algo o mucho de verdad y que estén teñidas de la Verdad. Pero Dios no está en el vacío ni el la nada porque Dios es el único y solo Dios con plenitud de esencia, su esencia y existencia son unicidad y es un Dios personal. Yo soy el que soy. Y nadie va al Padre sino por mí. No hay misticismo posible sin Cristo y su divinidad. Y todo el que de buena fe busca y se acerca a Dios, budistas, sintoístas, mahometanos, etc. sólo alcanzan su presencia en la redención de Cristo, salvados y redimidos como todos los hombres “a los que ama el Señor”, aunque ellos ignoren su presencia como ignoran su existencia.
No es Dios el que se debe adaptar a ti. Eres tú la que te debes contornear en El. Nadie soy yo para juzgarte, menos para condenarte, pero sí, sobre todo porque me has pedido en tu carta mi opinión, para confortarte en la Verdad, sólo recibida y aceptada en la gracia y don de Dios. Eres tú, sí tú, la que debes auscultar tu propia conciencia y tus propias intenciones tal como están no en tus conveniencias sino el la mente de Dios, tan como las conoce El. Ver si has sido honrada con tus propias verdades, con las que te has ido fabricando, o si tus vaivenes has sido interesados por tu egoísmo disimulado, es curioso conozco algunas personas que tiñen tan bien ante los demás y ellos mismos sus propios egoísmos que parecen y se creen que son virtud, por tus pasiones y tu sexualidad, por tus convencerte a ti misma de tu tranquilidad y felicidad, por no querer renunciar a tus apetencias ni a tus en el fondo comodidades que disimulas con entrega, pero que en el fondo van cerrada a todo lo que sea “ceder” de ti misma al otro, para que no altere tu trayectoria conformista y confortable.
A veces cuando dices “soy muy feliz, me siento muy bien. Con mis hijos, Marcos y Naira no necesito nada más” creo advertir un tonillo que deja entrever un esfuerzo por convencerte a ti misma, un no creértelo en su totalidad ni tú misma, y sobre todo a pesar de ese afán exterior de querer comprender y saber, un orgullo de tu mente, en que fundamente tus creencias y tus pequeños dogmas, creados por ti para tu propia tranquilidad de conciencia, desde aquella búsqueda algo envidiosilla de “porque mis hermanos tiene a Dios y yo no”. Como no has encontrado el Dios de tus hermanos, lleno de renuncias personales y de aceptación al mensaje evangélico, por no renunciar a “tus limitaciones” de ninguna manera, te has creado ese dios pequeñito del que hablamos que te asemeja a ellos.
Y ya has hecho, forrado y chapeado con ellos, con “tus limitaciones y con tu orgullo, nacida de éstas,” tu becerro de barro, como becerro de oro.
El primero es un becerro de barro, de debilidades humanas. El segundo es el becerro de oro del orgullo de la mente, el mayor de todos los pecados capitales, al que se adhiere inmediatamente el pecado del deseo del superpoder. “Seréis como dioses”. Y como no podéis ser como Dios y el hombre ni puede ni sabe vivir sin El, se hace su becerro del orgullo, vanagloria, poder, sexualidad, ambición, comodidad, el becerro de hoy, confortabilidad, prepotencia, etc. Para tener algo que adorar. Aquellos “cuyo dios es el vientre”, en sus múltiples manifestaciones son hoy los que así acallan el ansia de amor, de sano y verdadero amor, para el que Dios creó su corazón.
Y cuando hayas llegado a vislumbrar la verdad, tus verdades sean las verdades de Dios, y Cristo es Dios, ten la humildad, difícil sabes, ten la terrible humildad de abrazarla sin titubeos ni pongas ninguna condición, con sencillez, con generosidad, con el corazón abierto a Dios.
“La Palabra, (la Única palabra de Dios, Cristo Jesús,) era la Luz verdadera que ilumina a todo hombre.” ”Vino a los suyos y los suyos no la recibieron.””Pero a los que la recibieron les dio potestad de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.” ”Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros, lleno de gloria que recibe del Padre, lleno de gracia y de verdad”. (Jn I, 9-14)
Que la Luz de Cristo, mi Dios y tu Dios, el único Dios verdadero de todo hombre, ilumine tu mente y abra tu corazón, para que encontrando su gracia y su verdad, encuentres “la vida que está en la Palabra, vida que es la luz de los hombres”.(Jn I . 4)
Preguntas:
1.- ¿Porqué dejamos a Dios y nos hacemos becerros de barro?
¿Cuáles son las causas de este abandono?
2.- ¿Porqué cuando se toca para rechazarla porque molesta, una verdad evangélica enseguida se resquebrajan otras verdades y en cascada vamos negando todo o casi todo el mensaje de Cristo?
3.- ¿Porqué sustituimos a Dios muchas veces por “nuevas creencias” que nos hacen más fácil adecuarlas a nuestras apetencias o debilidades?
4.- ¿Porqué debajo de estos motivos, sexualidad, ambición, dinero, poder, siempre hay un orgullo personal que nos hace creernos más listo que los demás y en posesión de la verdad absoluta?
5.- ¿Porqué para llegar la Verdad de Cristo y su Evangelio sólo hay un camino de humildad y entrega confiada y sincera a la Palabra de Dios y de amor a su Palabra, Cristo?
Reunión de Grupo:
He leído en un libro, nos dijo Tomás, que cuando encuentra un hombre o mujer, que dice no creer en Dios y escarbas en su conciencia y en sus vidas, no siempre pero muy a menudo, encuentras que en sus conductas hay “un lío de faldas” o “de pantalones”, la sexualidad fuera de su contexto, en el egoísmo y en el amor y muy frecuentemente sobretodo en los “hombres de negocios”, falta de honradez en ellos, comisiones obscenas y espurias, cohechos y compra de voluntades, corrupción en los cargos de servicio al pueblo, vender prebendas o comprarlas, explotación del obrero o la sirvienta, (el caso de las sirvientas se suele dar en señoras muy cristianas y de misa) y un sin fin de medios ilegítimos para enriquecerse y hacer del dinero el dios de oro de sus vidas.
Yo conozco una chica que parece Naira. Ha tenido no sé cuantos novios, a todos o casi todos se los ha llevado a la cama, enamoradísima sí, pero uno tras otros, los ha dejado o le han dejado porque su egoísmo y orgullo lo envuelve tanto y con tal habilidad en aparente “bondad”, que a todos les parece una chica generosa, pero de hecho y yo creo que es la causa de la huída de “sus hombres”, manda tanto, es una máquina de exigencias y apremios, se impone tanto, todo tiene que ser como ella lo piensa, como a ella le apetece, aunque claro, es según dice como ella lo ve, porque así es, y son tan continuas sus maquinaciones, sus imposiciones, que en el fondo nadie la aguante mucho tiempo si su relación es continua y permanente. En relaciones discontinuas, esporádicas, es un cielo y un encanto.
Cuando hay convivencia continua con ella, empiezan los problemas y las discusiones.
Hasta con sus hijos es una máquina de mandar. Los atosiga, les manda continuamente, no los deja vivir en paz ni dos minutos.
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HUMILDAD Y VERDAD.
Mi Diario. Reunión del veinticuatro de abril de 2004. Sábado.
(Ver “Tu dios no es seguramente Dios.”)
Siempre exige humildad y verdad.
Primero he de decirte, mi amado Diario, que ayer viernes fue el santo de Jorge, de Giorgio. Nos reunimos por la noche en su casa y no teníamos ninguno de nosotros ganas de que terminara la pequeña fiesta. Clara se volcó preparándolo todo, muy sencillo pero riquísimo y apetitoso. Pero a todos nos pareció un ratito pequeño, muy corto y pequeño, para celebrarlo. Unas copas y unos canapés, que me sirvieron de cena desde luego, y después un rato largo de charla y convivencia.
Hablamos de todo pero sobre todo de Bodas. Mónica y Francisco Javier se casaron en enero, en julio del año pasado, todavía no han hecho el año, María y Tomás, y en octubre también del año pasado Isabela y Juan Carlos. En mayo de este año, ya, como quién dice, nos casamos nosotros, Julia y Ernesto se casaron nada más terminar el Cursillo y estaban casados Magdalena y Pedro y Clara y Jorge. Así que somos los últimos y ya casi no quedan días. Nos fuimos muy tarde, a las dos o dos y media, pero como mañana es sábado dormiremos un rato más, José Carlos, aunque impaciente, me dejará dormir, y yo tengo tiempo de corregir y ampliar mi Diario, tras desayunar un poco y hacer un poco de gimnasia para encontrarme tiposa y fuete para la boda.
Bueno entro en “harina” del tema de hoy sábado. Aunque lo suelo escribir los domingos, los sábados noche vengo dormida, lo fecho en su día para llevar más orden. Fue más o menos así.
Te diré que este tema me gustó extraordinariamente pues cuando fallamos a Dios, empezamos a crearnos ídolos de barro, porque es tan fuerte la huella de Dios en el alma humana, que aún en la mayor inconciencia y en el mayor rechazo, siempre nos queda la duda razonable de si Dios existe.
Estoy convencido nos dijo Carlos de que no existen ateos. “Convencidos intelectualmente, otra cosa es sentimentalmente o interesadamente, de que Dios no existe.” Existen hombres, muchos hombres incluso a veces hasta los santos, que en algún momento dudan de su existencia, y algunos, los agnósticos, que le niegan de boca para afuera pero que de inteligencia para dentro son una duda permanente, y si son honrados consigo mismo viven en la duda pero no en el convencimiento.
Esta es la carta de cómo si andamos enredados en nuestra pequeñez y en nuestros egoísmos a veces Dios no sobra, nos cuestiona, nos incomoda y entonces prescindimos de El y nos hacemos dioses chiquititos a la medida de nuestras miserias.
A Naira.
En verdad, Naira, has hecho un dios chiquitito, a tu medida. En vez de hacerte tú a imagen y semejanza de Dios, te has hecho un dios a tu imagen y semejanza, y naturalmente ha tenido que salir muy pequeñito, como tú, criatura creada al fin y al cabo y no la mayor de la Creación.
El amor es la Verdad. No podemos engañarnos a nosotros mismos ni contándonos mentiras ni creyéndonoslas luego. Y esto es lo que hacemos cuando la verdad nos estorba. Unos se hacen un ídolo de barro, los que su sexualidad se les desborda más allá de la verdad y el bien, y se rellena de sus debilidades, apetencias, conveniencias y comodidad, son los que su cuerpo les ha impuesto una esclavitud de sexo y no lo quieren admitir, los límites evangélicos no son ni humanos ni de Cristo, sino de una Iglesia atenazadora y timorata. “Porque cinco marido has tenido y con el que ahora vives no es marido tuyo” te estalló en los oídos, saliste espantada de la Misa porque aquello hería gravemente tu corazón y tu conciencia, y entonces, sí, Naira entonces, como la verdad de la moral del Amor, la moral de Cristo es una moral no de obligaciones y normas sino una moral del amor, es dura, “porque el camino es estrecho”, y tu andabas por la autopista de tus deseos y tus hombres, sí ya lo sé, no te entregaste a ninguno sin estar enamorada, pero ese era el límite de tus exigencias, estar enamorada cuando eso es fácil para ti, tú que eres muy enamoradiza, (¿no habrás estado más bien muy enamoriscada, no te habrás enamorado, pero nunca has estado de verdad enamorada?, ¿acaso tu misma una o dos veces no me has dicho que dudabas de la autenticidad de tu propio amor?) empezaste a agrandar los límites del amor hasta desfigurarlos en la apertura de tus conveniencias, y legalizar en tu conciencia toda unión carnal y sexual, te suena duro verdad, tu le llamas “acostarse”, “hacer el amor”, “vivir juntos”, palabras más suaves para que no te hieran, y a hacerte tu propia moral, ancha como los deseos vehemente e incontrolados de tu cuerpo, que tu dices entregar sólo cuando racionalmente lo decides, ¿de verdad te lo crees que no te desborda la esclavitud del sexo? , y a fabricarte tu ídolo de barro y tu dios chiquitito a la imagen de tu sexo “anhelante de amor”, tú lo llamas amor, y por tanto a desechar eso sí muy suavemente, sin pelearte del todo con El, al Dios verdadero.
YO soy el Camino, la VERDAD y la vida. Como habías desfigurado la verdad del sexo y el matrimonio, “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”, y tu lo has separado por lo menos esas cinco veces, tuviste que desfigurar la persona de Cristo y su mensaje evangélico. Y es curioso, cuando tocamos por error, debilidad o conveniencia un punto de nuestro credo, de Credo Apostólico, inmediatamente empiezan a resentirse, a debilitarse y a resquebrajarse todos sus versículos. Al no aceptar la unidad del matrimonio, Cristo ahí está hablando el matrimonio natural, tal como creó la unión del hombre y la mujer, inmediatamente debilitas, resquebrajas y se resiente toda la persona de Cristo y todo su mensaje. Ya no te cuadra un Cristo Dios, segunda Persona de la Trinidad, y empiezas a dudar del Dios Trino, te quedas en una divinidad etérea, sin contornos, impersonal, más cerca del concepto de las creencias orientales que del Evangelio, su mensaje se difumina, la Vulgata se hace capricho de la Iglesia, valen al menos algunos apócrifos o los textos del Mar Muerto, se han manipulados los texto para adatarlos a la doctrina y no ha salido la doctrina de los texto, San Agustín es una de los grandes errores de la historia eclesial y llegas casi a un panteísmo absurdo confundiendo la divinidad de Dios, su esencia y existencia objetivamente independiente y trascendente con la presencia del Creador en su creación objetivamente externa a Él, y su vinculación a ella, como dice Tomás de Aquino, por esencia, presencia y potencia.
Ya estás rozando el Budismo, sincretismo, el nirvana, a Zoroastro e incluso a Mahoma.
Todas las fe son iguales y si tocas dentro del cristianismo, los Iluministas o iluminados más bien, las beduinas o las corrientes actuales de zen y orientalismos donde todo cabe, todo entra y tu dios pequeñito puede ser el dios de tus vaciados interiores, de tus sentadas, perdona, más llenas de ensoñaciones que de realidad.
No te voy a negar que en todas estas corrientes haya algo o mucho de verdad y que estén teñidas de la Verdad. Pero Dios no está en el vacío ni el la nada porque Dios es el único y solo Dios con plenitud de esencia, su esencia y existencia son unicidad y es un Dios personal. Yo soy el que soy. Y nadie va al Padre sino por mí. No hay misticismo posible sin Cristo y su divinidad. Y todo el que de buena fe busca y se acerca a Dios, budistas, sintoístas, mahometanos, etc. sólo alcanzan su presencia en la redención de Cristo, salvados y redimidos como todos los hombres “a los que ama el Señor”, aunque ellos ignoren su presencia como ignoran su existencia.
No es Dios el que se debe adaptar a ti. Eres tú la que te debes contornear en El. Nadie soy yo para juzgarte, menos para condenarte, pero sí, sobre todo porque me has pedido en tu carta mi opinión, para confortarte en la Verdad, sólo recibida y aceptada en la gracia y don de Dios. Eres tú, sí tú, la que debes auscultar tu propia conciencia y tus propias intenciones tal como están no en tus conveniencias sino el la mente de Dios, tan como las conoce El. Ver si has sido honrada con tus propias verdades, con las que te has ido fabricando, o si tus vaivenes has sido interesados por tu egoísmo disimulado, es curioso conozco algunas personas que tiñen tan bien ante los demás y ellos mismos sus propios egoísmos que parecen y se creen que son virtud, por tus pasiones y tu sexualidad, por tus convencerte a ti misma de tu tranquilidad y felicidad, por no querer renunciar a tus apetencias ni a tus en el fondo comodidades que disimulas con entrega, pero que en el fondo van cerrada a todo lo que sea “ceder” de ti misma al otro, para que no altere tu trayectoria conformista y confortable.
A veces cuando dices “soy muy feliz, me siento muy bien. Con mis hijos, Marcos y Naira no necesito nada más” creo advertir un tonillo que deja entrever un esfuerzo por convencerte a ti misma, un no creértelo en su totalidad ni tú misma, y sobre todo a pesar de ese afán exterior de querer comprender y saber, un orgullo de tu mente, en que fundamente tus creencias y tus pequeños dogmas, creados por ti para tu propia tranquilidad de conciencia, desde aquella búsqueda algo envidiosilla de “porque mis hermanos tiene a Dios y yo no”. Como no has encontrado el Dios de tus hermanos, lleno de renuncias personales y de aceptación al mensaje evangélico, por no renunciar a “tus limitaciones” de ninguna manera, te has creado ese dios pequeñito del que hablamos que te asemeja a ellos.
Y ya has hecho, forrado y chapeado con ellos, con “tus limitaciones y con tu orgullo, nacida de éstas,” tu becerro de barro, como becerro de oro.
El primero es un becerro de barro, de debilidades humanas. El segundo es el becerro de oro del orgullo de la mente, el mayor de todos los pecados capitales, al que se adhiere inmediatamente el pecado del deseo del superpoder. “Seréis como dioses”. Y como no podéis ser como Dios y el hombre ni puede ni sabe vivir sin El, se hace su becerro del orgullo, vanagloria, poder, sexualidad, ambición, comodidad, el becerro de hoy, confortabilidad, prepotencia, etc. Para tener algo que adorar. Aquellos “cuyo dios es el vientre”, en sus múltiples manifestaciones son hoy los que así acallan el ansia de amor, de sano y verdadero amor, para el que Dios creó su corazón.
Y cuando hayas llegado a vislumbrar la verdad, tus verdades sean las verdades de Dios, y Cristo es Dios, ten la humildad, difícil sabes, ten la terrible humildad de abrazarla sin titubeos ni pongas ninguna condición, con sencillez, con generosidad, con el corazón abierto a Dios.
“La Palabra, (la Única palabra de Dios, Cristo Jesús,) era la Luz verdadera que ilumina a todo hombre.” ”Vino a los suyos y los suyos no la recibieron.””Pero a los que la recibieron les dio potestad de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.” ”Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros, lleno de gloria que recibe del Padre, lleno de gracia y de verdad”. (Jn I, 9-14)
Que la Luz de Cristo, mi Dios y tu Dios, el único Dios verdadero de todo hombre, ilumine tu mente y abra tu corazón, para que encontrando su gracia y su verdad, encuentres “la vida que está en la Palabra, vida que es la luz de los hombres”.(Jn I . 4)
Preguntas:
1.- ¿Porqué dejamos a Dios y nos hacemos becerros de barro?
¿Cuáles son las causas de este abandono?
2.- ¿Porqué cuando se toca para rechazarla porque molesta, una verdad evangélica enseguida se resquebrajan otras verdades y en cascada vamos negando todo o casi todo el mensaje de Cristo?
3.- ¿Porqué sustituimos a Dios muchas veces por “nuevas creencias” que nos hacen más fácil adecuarlas a nuestras apetencias o debilidades?
4.- ¿Porqué debajo de estos motivos, sexualidad, ambición, dinero, poder, siempre hay un orgullo personal que nos hace creernos más listo que los demás y en posesión de la verdad absoluta?
5.- ¿Porqué para llegar la Verdad de Cristo y su Evangelio sólo hay un camino de humildad y entrega confiada y sincera a la Palabra de Dios y de amor a su Palabra, Cristo?
Reunión de Grupo:
He leído en un libro, nos dijo Tomás, que cuando encuentra un hombre o mujer, que dice no creer en Dios y escarbas en su conciencia y en sus vidas, no siempre pero muy a menudo, encuentras que en sus conductas hay “un lío de faldas” o “de pantalones”, la sexualidad fuera de su contexto, en el egoísmo y en el amor y muy frecuentemente sobretodo en los “hombres de negocios”, falta de honradez en ellos, comisiones obscenas y espurias, cohechos y compra de voluntades, corrupción en los cargos de servicio al pueblo, vender prebendas o comprarlas, explotación del obrero o la sirvienta, (el caso de las sirvientas se suele dar en señoras muy cristianas y de misa) y un sin fin de medios ilegítimos para enriquecerse y hacer del dinero el dios de oro de sus vidas.
Yo conozco una chica que parece Naira. Ha tenido no sé cuantos novios, a todos o casi todos se los ha llevado a la cama, enamoradísima sí, pero uno tras otros, los ha dejado o le han dejado porque su egoísmo y orgullo lo envuelve tanto y con tal habilidad en aparente “bondad”, que a todos les parece una chica generosa, pero de hecho y yo creo que es la causa de la huída de “sus hombres”, manda tanto, es una máquina de exigencias y apremios, se impone tanto, todo tiene que ser como ella lo piensa, como a ella le apetece, aunque claro, es según dice como ella lo ve, porque así es, y son tan continuas sus maquinaciones, sus imposiciones, que en el fondo nadie la aguante mucho tiempo si su relación es continua y permanente. En relaciones discontinuas, esporádicas, es un cielo y un encanto.
Cuando hay convivencia continua con ella, empiezan los problemas y las discusiones.
Hasta con sus hijos es una máquina de mandar. Los atosiga, les manda continuamente, no los deja vivir en paz ni dos minutos.
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23.- BODA DE JOSÉ CARLOS Y ANA
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24.- “Hasta llegar al Altar”
25.- “La fórmula de la entrega”
26.- “El resto de la Boda y del día”
27.- “El sexo la primera noche”
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24.- “Hasta llegar al Altar”
25.- “La fórmula de la entrega”
26.- “El resto de la Boda y del día”
27.- “El sexo la primera noche”
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24.-"Hasta llegar al Altar"
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Mi Diario a ocho de mayo de 2004. Sábado. Boda.
BODA DE ANA Y JOSE CARLOS.
Escrito el día nueve, Domingo.
Mi muy, muy, pero que muy querido Diario. AYER ME CASE, NOS CASAMOS. ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya! ¡Dios bendito, Dios sea loado! ¡José Carlos, te quiero, te quiero, te quiero! José Carlos te amo, te amo, te amo.
Ayer fue mi boda, nuestra boda, de José Carlos y mía y aún casi no me lo creo.
José Carlos y yo somos pareja para siempre, somos Matrimonio, somos Sacramento, somos signo sagrado del Amor de Dios a los hombres, a todos los hombres y del amor y la entrega de Cristo a su Iglesia, a mi Iglesia, a nuestra Iglesia, a la Iglesia de Dios.
A pesar de un cierto nerviosismo, dentro de mi serenidad serena, pues estaba muy tranquila, pero que muy tranquila, me enteré de toda la ceremonia. No me perdí nada de mi boda.
Aún recuerdo, viva, la mañana, un poco tensa, levantarme desayunar muy ligero, recibir el ramo de novia que me regalaba Elena, la mujer de Carlos, y que fueron a recoger mis dos hermanos, ¡qué bonito!, como yo lo quería, sencillo y solo con flores blancas, las casi dos horas de peluquería, manicura, y maquilladora, después de comer un poco, e intentar dormir otro poco, para llegar a la Iglesia, siete y media en punto, descansada.
Y luego ya el empezar a vestirme. Dios mío, toda de blanco, con el traje ajustado a la cintura, yo soy alta y delgada, el corpiño bordado, porque era del traje de mi madre y de mi abuela, pero que encajaba perfectamente, el tocado, flores como el ramo en el pelo, y el velo. Toda de blanco, toda de blanco, por dentro y por fuera, el alma y el cuerpo, virgen en el amor, para ti mi Dios en mi entrega a José Carlos.
Sentí que la pureza de mi corazón, guardado con cariño y con tesón, a veces no libre de luchas y dificultades. Era la plenitud del don que le entregaba a quien sería todo el amor de mi vida.
Luego las fotos antes de salir. En mi cuarto, el que por todos estos años había sido mi cuarto, y que esta noche dejaría de serlo, en la chimenea del salón, en la entrada, con mi padre, con mi madre, con los dos, con mis hermanos, con Antonia, que casi, casi me vio nacer, diecinueve años con nosotros, parte de nuestra familia, que sabía de mi y de mis años de niñez y pubertad más que yo misma, que había “sufrido” paso a paso todo mi noviazgo con José Carlos, y todos los exámenes de mi carrera, incluidos vasos de leche con galletitas por las noches de velas, y al subir al coche.
Ya había sonado el móvil de mi hermano. Señal de la casi llegada de José Carlos a la entrada de la Catedral. Al final no nos casamos en la capilla de la finca sino en la Catedral. Así lo ha querido el Obispo, pues mi padre es y ha sido desde siempre el abogado de la Diócesis y nos quiere casar el mismo, pues me conoce desde chiquilla.
Aún recuerdo vivo, como si fuera ahora el bajarme del coche, la cola, poner bien la cola, y cómo se me fueron los ojos hasta el pie del Altar buscando ansiosa a José Carlos, que “ya estaba allí esperándome”. Sí, es pe rán do me. A mí, su Ana.
Entrar del brazo de mi padre, primero el derecho, ahora, papá, y despacio, muy despacio, mientras suena, Meldeson, la Marcha Nupcial y cada nota se va incrustando en mis oídos y mi corazón.
Le apreté el brazo, con inmenso cariño. Su brazo, sostén de mi vida en este su último tramo. Al salir, sería del brazo de José Carlos, el nuevo apoyo de mi existencia y de mi persona.
¿Te aburro, querido Diario?. Perdona pero tengo que recogerlo todo, segundo a segundo, en tus hermosas páginas, para que quede grabado a fuego lo que sentí el día más feliz de mi vida.
José Carlos, con su elegantísima madre, me esperaba ya al pie del Altar donde íbamos a ratificar como una donación de alabanza nuestra mutua entrega y aceptación el uno del otro.
Debo irme. Mañana seguiré. José Carlos se había quedado un rato dormido y yo aproveché para escribirte. Estamos el “La Hacienda,” dónde hemos pasado la primera noche, tras la boda y el primer despertar junto, las primeras horas de la mañana de amor, caricias y entrega desbordada, que han sido una eternidad de placer y gozo, y tras comer en la terraza de la piscina, hemos subido al cuarto, voy a descansar cinco minutos, mi amor, qué hermoso está dormido sobre la cama y ya lleva una hora larga.
Esta tarde-noche cogemos el avión para Madrid y de allí al viaje de novios.
Ya te contaré, ya. Te prometo contártelo todo. Un beso. Ana.
Postdata: A José Carlos ya no se lo tengo que mandar por tus páginas. Como se está despertando voy a besarle los labios, para que se despierte con los míos apretados a los suyos.
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Mi Diario a ocho de mayo de 2004. Sábado. Boda.
BODA DE ANA Y JOSE CARLOS.
Escrito el día nueve, Domingo.
Mi muy, muy, pero que muy querido Diario. AYER ME CASE, NOS CASAMOS. ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya! ¡Dios bendito, Dios sea loado! ¡José Carlos, te quiero, te quiero, te quiero! José Carlos te amo, te amo, te amo.
Ayer fue mi boda, nuestra boda, de José Carlos y mía y aún casi no me lo creo.
José Carlos y yo somos pareja para siempre, somos Matrimonio, somos Sacramento, somos signo sagrado del Amor de Dios a los hombres, a todos los hombres y del amor y la entrega de Cristo a su Iglesia, a mi Iglesia, a nuestra Iglesia, a la Iglesia de Dios.
A pesar de un cierto nerviosismo, dentro de mi serenidad serena, pues estaba muy tranquila, pero que muy tranquila, me enteré de toda la ceremonia. No me perdí nada de mi boda.
Aún recuerdo, viva, la mañana, un poco tensa, levantarme desayunar muy ligero, recibir el ramo de novia que me regalaba Elena, la mujer de Carlos, y que fueron a recoger mis dos hermanos, ¡qué bonito!, como yo lo quería, sencillo y solo con flores blancas, las casi dos horas de peluquería, manicura, y maquilladora, después de comer un poco, e intentar dormir otro poco, para llegar a la Iglesia, siete y media en punto, descansada.
Y luego ya el empezar a vestirme. Dios mío, toda de blanco, con el traje ajustado a la cintura, yo soy alta y delgada, el corpiño bordado, porque era del traje de mi madre y de mi abuela, pero que encajaba perfectamente, el tocado, flores como el ramo en el pelo, y el velo. Toda de blanco, toda de blanco, por dentro y por fuera, el alma y el cuerpo, virgen en el amor, para ti mi Dios en mi entrega a José Carlos.
Sentí que la pureza de mi corazón, guardado con cariño y con tesón, a veces no libre de luchas y dificultades. Era la plenitud del don que le entregaba a quien sería todo el amor de mi vida.
Luego las fotos antes de salir. En mi cuarto, el que por todos estos años había sido mi cuarto, y que esta noche dejaría de serlo, en la chimenea del salón, en la entrada, con mi padre, con mi madre, con los dos, con mis hermanos, con Antonia, que casi, casi me vio nacer, diecinueve años con nosotros, parte de nuestra familia, que sabía de mi y de mis años de niñez y pubertad más que yo misma, que había “sufrido” paso a paso todo mi noviazgo con José Carlos, y todos los exámenes de mi carrera, incluidos vasos de leche con galletitas por las noches de velas, y al subir al coche.
Ya había sonado el móvil de mi hermano. Señal de la casi llegada de José Carlos a la entrada de la Catedral. Al final no nos casamos en la capilla de la finca sino en la Catedral. Así lo ha querido el Obispo, pues mi padre es y ha sido desde siempre el abogado de la Diócesis y nos quiere casar el mismo, pues me conoce desde chiquilla.
Aún recuerdo vivo, como si fuera ahora el bajarme del coche, la cola, poner bien la cola, y cómo se me fueron los ojos hasta el pie del Altar buscando ansiosa a José Carlos, que “ya estaba allí esperándome”. Sí, es pe rán do me. A mí, su Ana.
Entrar del brazo de mi padre, primero el derecho, ahora, papá, y despacio, muy despacio, mientras suena, Meldeson, la Marcha Nupcial y cada nota se va incrustando en mis oídos y mi corazón.
Le apreté el brazo, con inmenso cariño. Su brazo, sostén de mi vida en este su último tramo. Al salir, sería del brazo de José Carlos, el nuevo apoyo de mi existencia y de mi persona.
¿Te aburro, querido Diario?. Perdona pero tengo que recogerlo todo, segundo a segundo, en tus hermosas páginas, para que quede grabado a fuego lo que sentí el día más feliz de mi vida.
José Carlos, con su elegantísima madre, me esperaba ya al pie del Altar donde íbamos a ratificar como una donación de alabanza nuestra mutua entrega y aceptación el uno del otro.
Debo irme. Mañana seguiré. José Carlos se había quedado un rato dormido y yo aproveché para escribirte. Estamos el “La Hacienda,” dónde hemos pasado la primera noche, tras la boda y el primer despertar junto, las primeras horas de la mañana de amor, caricias y entrega desbordada, que han sido una eternidad de placer y gozo, y tras comer en la terraza de la piscina, hemos subido al cuarto, voy a descansar cinco minutos, mi amor, qué hermoso está dormido sobre la cama y ya lleva una hora larga.
Esta tarde-noche cogemos el avión para Madrid y de allí al viaje de novios.
Ya te contaré, ya. Te prometo contártelo todo. Un beso. Ana.
Postdata: A José Carlos ya no se lo tengo que mandar por tus páginas. Como se está despertando voy a besarle los labios, para que se despierte con los míos apretados a los suyos.
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25.- "La fómula de la entrega"
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Mi Diario a ocho de mayo de 2004. Sábado. Boda.
BODA DE ANA Y JOSE CARLOS.
La materia y la forma del Sacramento.
Escrito el día diez, lunes.
Querido Diario:
Quizás ésta debía ser nuestra oración de cada día, de cada mañana.
José Carlos hoy me entrego a ti.
Yo, Ana, te quiero y me entrego a ti, José Carlos en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, en este nuevo y hermoso día de nuestras vidas en común.
Y cada noche debíamos examinarnos de cómo nos hemos llevado, tratado, querido, ayudado, atendido, amado, mimado, y entregado el uno al otro y los dos a los hermanos en nuestras atenciones, en nuestros trabajos, en nuestras diversiones, en nuestras comidas, en cada instante del día.
Decirle Señor lo siento, de verdad lo siento, en los fallos, en los egoísmos, pero sobre todo darles gracias por haber caminado, Tú, Señor, con nosotros y haber hecho, que como pareja, seamos a los ojos de los demás, luz de tu amor a los hombres, y espejo de tu amor a la Iglesia.
Voy a copiar de mi Cuaderno de Cursillos, parte de mis apuntes de la charla sobre el Sacramento y de mis notas de la reunión de Grupo.
“El amor humano de la pareja humana, - el agua de las Boda de Caná,- para que se purifique en el crisol de la muerte de Cristo, clavados nuestros brazos en su mismo madero, transformados nuestros brazos en los brazos de Cristo, se transforma, el amor humano, en el amor divino, el agua en el mejor vino de la Boda, y se hacen Sacramento, signo sagrado, símbolo y realidad del encuentro con el Señor.
Sí, el amor es también a veces renuncia y sacrificio. Nadie ama de verdad si no niega a veces su yo, sus egoísmos y hasta sus apetencias legítimas en pro del ser amado.
Sólo cuando pendemos del brazo horizontal de la Cruz, paralelo a la tierra, pero levantado de la tierra, nuestros pies se levantan al cielo y nuestro cuerpo y nuestro espíritu suben por el palo vertical de la Cruz en dirección al Padre.
No creáis que todo será un camino de rosas. A veces serán olas venidas del mar de fuera, los demás, la vida, las desgracias, a veces la tempestad estará dentro de vosotros y habrá que negarse a sí mismo para encontrar el camino de la paz en la Paz del Señor, llevando nuestra cruz, unida a su Cruz, y seguirle.
La paz os dejo, mi paz os doy. Pero la paz de vuestra pareja sólo está en la concordia y la unión. Y para que haya concordia hay que despojarse cada uno de lo que crucifica de nosotros mismos al otro.
El amor siempre es un sacrificio alegre porque es donación, regado al otro, al amado, a la amada.
Mi Reino de es de este mundo. Vivimos los cristianos en el mundo, con los pies tan firme como el que más, no somos ángeles ni espíritus etéreos, somos realistas y sabemos donde estamos, luchamos o nos esforzamos por instaurar en los hombres el Reino de Cristo, Reino de Paz y Alegría, Reino de Justicia y Amor, Reino de Verdad y Solidaridad, Reino divino y no de este mundo, sin dejar de ser profundamente humano y con sus raíces bien fundadas en la tierra.”
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Mi Diario a ocho de mayo de 2004. Sábado. Boda.
BODA DE ANA Y JOSE CARLOS.
La materia y la forma del Sacramento.
Escrito el día diez, lunes.
Querido Diario:
Quizás ésta debía ser nuestra oración de cada día, de cada mañana.
José Carlos hoy me entrego a ti.
Yo, Ana, te quiero y me entrego a ti, José Carlos en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, en este nuevo y hermoso día de nuestras vidas en común.
Y cada noche debíamos examinarnos de cómo nos hemos llevado, tratado, querido, ayudado, atendido, amado, mimado, y entregado el uno al otro y los dos a los hermanos en nuestras atenciones, en nuestros trabajos, en nuestras diversiones, en nuestras comidas, en cada instante del día.
Decirle Señor lo siento, de verdad lo siento, en los fallos, en los egoísmos, pero sobre todo darles gracias por haber caminado, Tú, Señor, con nosotros y haber hecho, que como pareja, seamos a los ojos de los demás, luz de tu amor a los hombres, y espejo de tu amor a la Iglesia.
Voy a copiar de mi Cuaderno de Cursillos, parte de mis apuntes de la charla sobre el Sacramento y de mis notas de la reunión de Grupo.
“El amor humano de la pareja humana, - el agua de las Boda de Caná,- para que se purifique en el crisol de la muerte de Cristo, clavados nuestros brazos en su mismo madero, transformados nuestros brazos en los brazos de Cristo, se transforma, el amor humano, en el amor divino, el agua en el mejor vino de la Boda, y se hacen Sacramento, signo sagrado, símbolo y realidad del encuentro con el Señor.
Sí, el amor es también a veces renuncia y sacrificio. Nadie ama de verdad si no niega a veces su yo, sus egoísmos y hasta sus apetencias legítimas en pro del ser amado.
Sólo cuando pendemos del brazo horizontal de la Cruz, paralelo a la tierra, pero levantado de la tierra, nuestros pies se levantan al cielo y nuestro cuerpo y nuestro espíritu suben por el palo vertical de la Cruz en dirección al Padre.
No creáis que todo será un camino de rosas. A veces serán olas venidas del mar de fuera, los demás, la vida, las desgracias, a veces la tempestad estará dentro de vosotros y habrá que negarse a sí mismo para encontrar el camino de la paz en la Paz del Señor, llevando nuestra cruz, unida a su Cruz, y seguirle.
La paz os dejo, mi paz os doy. Pero la paz de vuestra pareja sólo está en la concordia y la unión. Y para que haya concordia hay que despojarse cada uno de lo que crucifica de nosotros mismos al otro.
El amor siempre es un sacrificio alegre porque es donación, regado al otro, al amado, a la amada.
Mi Reino de es de este mundo. Vivimos los cristianos en el mundo, con los pies tan firme como el que más, no somos ángeles ni espíritus etéreos, somos realistas y sabemos donde estamos, luchamos o nos esforzamos por instaurar en los hombres el Reino de Cristo, Reino de Paz y Alegría, Reino de Justicia y Amor, Reino de Verdad y Solidaridad, Reino divino y no de este mundo, sin dejar de ser profundamente humano y con sus raíces bien fundadas en la tierra.”
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26.- "El resto de la Boda y del día"
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Mi Diario a ocho de mayo de 2004. Sábado. Boda.
BODA DE ANA Y JOSE CARLOS.
Escrito el doce, miércoles.
Segunda parte
COMPLEMENTO AL TEMA
José Carlos con su madre me esperaban ya en el ALTAR, donde íbamos a ratificar nuestra mutua entrega.
Es curioso, querido Diario, que en el ara del Altar de Cristo, Ara del Sufrimiento y de la Cruz, Ara de la Redención, de la Salvación y de la Liberación, y se iba a realizar el acto más alegre, bello y sin asomo de dolor de mi vida: mi entrega a José Carlos, su entrega a su Ana, nuestra entrega juntos a Dios. Sólo júbilo, alegría, esperanza. Sólo paz, tranquilidad, firmeza y fe. Pero también es verdad que el Viernes Santo termina siempre en la Pascua de Resurrección. Y mi Sacramento, nuestro Sacramento del matrimonio tiene sus raíces profundas en la Resurrección del Señor. Es Sábado Santo noche, Domingo, de Resurrección.
Le miré a José Carlos. vi. sus ojos sonrientes, que me esperaban y me atraían. Luego fui regando mi mirada por mis y sus amigos, mi y su familia, mi y su hermanos, que estaban de pie en los bancos, vueltos hacia nosotros. Al salir, del brazo ya de José Carlos, eran nuestros amigos, nuestra familia, nuestros hermanos, nuestros parientes. Ya no míos. No suyos. Nuestros.
Todos los días de nuestra vida. Sin reserva alguna para nosotros mismos. Entregándolo todo. Esperando, con amor y en el amor, todo, todo, todo, del amor.
Vamos a hacer de la fórmula de nuestra entrega en el Sacramento la pequeña oración, juntos, de cada mañana.
“Yo Ana, José Carlos, te quiero y estoy enamoradísima de ti, y me dono, entrego y doy totalmente a ti, sin reservarme nada que no sea totalmente tuyo, esperando todo de tu amor y de nuestro amor compartido, en las alegrías, la vida juntos, la familia, los hijos, y el recibir tu amor cada instante, y en las penas, los momentos amargos, las tristezas, las desavenencias, los enfados, las divergencias no asumidas por ambos, las peleas, en la salud, las diversiones, el bienestar porque estamos juntos, y en la enfermedad , el dolor, el sufrimiento, quizás la decrepitud y limitaciones de la ancianidad, en la pobreza, no sólo en las dificultades económicas o carencias materiales, el paro, el retiro o la jubilación, sino en la pobreza de alma y espíritu, en nuestra a veces mediocridad, tibieza, falta de empuje o entrega, fallos a nuestro Dios y arbitrariedad al Amor, individuales o de pareja, falta de entrega a los demás o solidaridad, y en las riquezas o prosperidad, recibidas como regalo de la Providencia, tenidas no como dueños sino como administradores de los bienes de Dios y de los hermanos, compartidas con ellos en amor y solidaridad, no como quien da sino como quien recibe, usadas con alegría, sobriedad, moderación. Mesura y discreción, enseñando a nuestros hijos a agradecérselas a Dios y a usarlas en el amor, y de las riquezas del alma y del espíritu, cultura, educación, y sobre todo gracia de Dios y en Dios, sentirnos y ser hijos suyos, y vivirlo y saborearlo en la pareja, José Carlos y yo, y con nuestros futuros hijos.
Mucho espero, querido Diario, pero con su gracia y amor, imitando y haciéndonos un poco el Jesús, hijo de María, y encarnándonos en El, espero que en este día de hoy lo vivamos con fe.
Ana.
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Mi Diario a ocho de mayo de 2004. Sábado. Boda.
BODA DE ANA Y JOSE CARLOS.
Escrito el doce, miércoles.
Segunda parte
COMPLEMENTO AL TEMA
José Carlos con su madre me esperaban ya en el ALTAR, donde íbamos a ratificar nuestra mutua entrega.
Es curioso, querido Diario, que en el ara del Altar de Cristo, Ara del Sufrimiento y de la Cruz, Ara de la Redención, de la Salvación y de la Liberación, y se iba a realizar el acto más alegre, bello y sin asomo de dolor de mi vida: mi entrega a José Carlos, su entrega a su Ana, nuestra entrega juntos a Dios. Sólo júbilo, alegría, esperanza. Sólo paz, tranquilidad, firmeza y fe. Pero también es verdad que el Viernes Santo termina siempre en la Pascua de Resurrección. Y mi Sacramento, nuestro Sacramento del matrimonio tiene sus raíces profundas en la Resurrección del Señor. Es Sábado Santo noche, Domingo, de Resurrección.
Le miré a José Carlos. vi. sus ojos sonrientes, que me esperaban y me atraían. Luego fui regando mi mirada por mis y sus amigos, mi y su familia, mi y su hermanos, que estaban de pie en los bancos, vueltos hacia nosotros. Al salir, del brazo ya de José Carlos, eran nuestros amigos, nuestra familia, nuestros hermanos, nuestros parientes. Ya no míos. No suyos. Nuestros.
Todos los días de nuestra vida. Sin reserva alguna para nosotros mismos. Entregándolo todo. Esperando, con amor y en el amor, todo, todo, todo, del amor.
Vamos a hacer de la fórmula de nuestra entrega en el Sacramento la pequeña oración, juntos, de cada mañana.
“Yo Ana, José Carlos, te quiero y estoy enamoradísima de ti, y me dono, entrego y doy totalmente a ti, sin reservarme nada que no sea totalmente tuyo, esperando todo de tu amor y de nuestro amor compartido, en las alegrías, la vida juntos, la familia, los hijos, y el recibir tu amor cada instante, y en las penas, los momentos amargos, las tristezas, las desavenencias, los enfados, las divergencias no asumidas por ambos, las peleas, en la salud, las diversiones, el bienestar porque estamos juntos, y en la enfermedad , el dolor, el sufrimiento, quizás la decrepitud y limitaciones de la ancianidad, en la pobreza, no sólo en las dificultades económicas o carencias materiales, el paro, el retiro o la jubilación, sino en la pobreza de alma y espíritu, en nuestra a veces mediocridad, tibieza, falta de empuje o entrega, fallos a nuestro Dios y arbitrariedad al Amor, individuales o de pareja, falta de entrega a los demás o solidaridad, y en las riquezas o prosperidad, recibidas como regalo de la Providencia, tenidas no como dueños sino como administradores de los bienes de Dios y de los hermanos, compartidas con ellos en amor y solidaridad, no como quien da sino como quien recibe, usadas con alegría, sobriedad, moderación. Mesura y discreción, enseñando a nuestros hijos a agradecérselas a Dios y a usarlas en el amor, y de las riquezas del alma y del espíritu, cultura, educación, y sobre todo gracia de Dios y en Dios, sentirnos y ser hijos suyos, y vivirlo y saborearlo en la pareja, José Carlos y yo, y con nuestros futuros hijos.
Mucho espero, querido Diario, pero con su gracia y amor, imitando y haciéndonos un poco el Jesús, hijo de María, y encarnándonos en El, espero que en este día de hoy lo vivamos con fe.
Ana.
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27.- "El sexo la primera noche"
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Mi Diario a ocho de mayo de 2004. Sábado. Boda.
BODA DE ANA Y JOSE CARLOS.
Escrito tras el viaje de novios el día cinco de junio de 2004. Sábado.
Yo a diferencia de otras chicas, que respeto aunque no comparta sus opciones, nunca había hecho el sexo. José Carlos tampoco: me ha dicho que yo soy la primera mujer en su vida.
Desde luego su inexperiencia, a pesar de tantas escenas de cama en las películas, lo confirma plenamente.
Pero aunque "nos estrenábamos" los dos, he de confesar que debo agradecerle su infinita delicadeza, su prudencia para no hacerme daño, su tacto cariñoso, físico y mental, su espera paciente y desenervante a que sus caricias íntimas y delicadas, eligiendo siempre las que fueran de mi agrado, y no de su deseo o pasión, y sus susurros tiernos y amorosos, subiendo a apasionados en mi oído, para que yo fuera entrando en clímax sin rechazos, para que mi cuerpo se fuera revolucionando a la par que mi alma, empujándome en el deseo, sí en el deseo carnal, en el ansia de toda mi persona, espíritu y cuerpo, de ser poseída "por él", de que su cuerpo y el mío fueran una sola carne, como desde novios, hacía ya mucho tiempo eran un solo espíritu y una sola alma.
¿No es este el proyecto de vida en común, que es la vida del matrimonio y del sacramento?
También he de confesar que anoche, después del banquete, las copillas, el champán y el baile, lo intentamos sin éxito. Pero no nos traumatizó nada. Estábamos advertidos y casi lo esperábamos.
Fue el vino, fueron las amontonadas emociones, fue la timidez que invadió mi alma al dejarme acariciar por sus amorosos y deseosos ojos mi desnudez completa por primera vez ante el amado, que cuando se acercó desnudo nos abrazamos fuertemente y nos echamos a reír de felicidad.
Lo volvimos a intentar y volvimos a fracasar. Abarzados, acariciándome suavemente mis pechos nos quedamos dormidos.
Sí es verdad después de la noche de boda viene la tranquila, larga y apasionada mañana del día siguiente. Me da pudor describir todo lo que sentimos y todo lo que nos compenetramos. Sólo te confiaré, mi querido e íntimo diario que le entregué mi persona entera, todo cuanto soy y he sido, en cuerpo, totalmente mi cuerpo con todos sus sentidos, con el summum del placer, y mi alma, en cada latido del resto de mi vida.
"Supe", sin palabras casi, pero con el maravilloso lenguaje del amor corporal, del amor físico, impregnado y inmerso en la entrega de mi persona, que José Carlos me ama con toda la intensidad de su ser, como yo le amo a él.
Gracias Dios mío. Gracias por su amor. Gracias por tu amor y gracias por el Sacramento.
Yo se que para otras muchas parejas esa noche, ya hayan o no hayan tenido relaciones íntimas antes, es ¡gloriosa y exuberante! Para nosotros, aún sin el sexo en su culminación y éxtasis no fue desde luego ni desilusionante ni frustrante. El sexo en su plenitud y desbordamiento vino, maravilloso, apasionado y
vehemente hasta sus cumbres más altas en los días siguientes e intenso hasta tal punto que me da casi vergüenza contarlo.
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Mi Diario a ocho de mayo de 2004. Sábado. Boda.
BODA DE ANA Y JOSE CARLOS.
Escrito tras el viaje de novios el día cinco de junio de 2004. Sábado.
Yo a diferencia de otras chicas, que respeto aunque no comparta sus opciones, nunca había hecho el sexo. José Carlos tampoco: me ha dicho que yo soy la primera mujer en su vida.
Desde luego su inexperiencia, a pesar de tantas escenas de cama en las películas, lo confirma plenamente.
Pero aunque "nos estrenábamos" los dos, he de confesar que debo agradecerle su infinita delicadeza, su prudencia para no hacerme daño, su tacto cariñoso, físico y mental, su espera paciente y desenervante a que sus caricias íntimas y delicadas, eligiendo siempre las que fueran de mi agrado, y no de su deseo o pasión, y sus susurros tiernos y amorosos, subiendo a apasionados en mi oído, para que yo fuera entrando en clímax sin rechazos, para que mi cuerpo se fuera revolucionando a la par que mi alma, empujándome en el deseo, sí en el deseo carnal, en el ansia de toda mi persona, espíritu y cuerpo, de ser poseída "por él", de que su cuerpo y el mío fueran una sola carne, como desde novios, hacía ya mucho tiempo eran un solo espíritu y una sola alma.
¿No es este el proyecto de vida en común, que es la vida del matrimonio y del sacramento?
También he de confesar que anoche, después del banquete, las copillas, el champán y el baile, lo intentamos sin éxito. Pero no nos traumatizó nada. Estábamos advertidos y casi lo esperábamos.
Fue el vino, fueron las amontonadas emociones, fue la timidez que invadió mi alma al dejarme acariciar por sus amorosos y deseosos ojos mi desnudez completa por primera vez ante el amado, que cuando se acercó desnudo nos abrazamos fuertemente y nos echamos a reír de felicidad.
Lo volvimos a intentar y volvimos a fracasar. Abarzados, acariciándome suavemente mis pechos nos quedamos dormidos.
Sí es verdad después de la noche de boda viene la tranquila, larga y apasionada mañana del día siguiente. Me da pudor describir todo lo que sentimos y todo lo que nos compenetramos. Sólo te confiaré, mi querido e íntimo diario que le entregué mi persona entera, todo cuanto soy y he sido, en cuerpo, totalmente mi cuerpo con todos sus sentidos, con el summum del placer, y mi alma, en cada latido del resto de mi vida.
"Supe", sin palabras casi, pero con el maravilloso lenguaje del amor corporal, del amor físico, impregnado y inmerso en la entrega de mi persona, que José Carlos me ama con toda la intensidad de su ser, como yo le amo a él.
Gracias Dios mío. Gracias por su amor. Gracias por tu amor y gracias por el Sacramento.
Yo se que para otras muchas parejas esa noche, ya hayan o no hayan tenido relaciones íntimas antes, es ¡gloriosa y exuberante! Para nosotros, aún sin el sexo en su culminación y éxtasis no fue desde luego ni desilusionante ni frustrante. El sexo en su plenitud y desbordamiento vino, maravilloso, apasionado y
vehemente hasta sus cumbres más altas en los días siguientes e intenso hasta tal punto que me da casi vergüenza contarlo.
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28.- "La comunicación profunda y el diálogo íntimo"
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Mi Diario, Reunión del quince de mayo de 2004. Viernes.
Comunicación y diálogo, esencia de la vida en común.
Cuando el grupo nos fue a recibir al aeropuerto a la vuelta de nuestro Viaje de Novios, Mónica y María me habían guardado las notas y “las cartas” de estas tres reuniones del Grupo a las que José Carlos y yo no pudimos asistir. Con ellos, claro sin las aportaciones de la reunión de grupo, he reconstruido al completo las reuniones, en Mi Diario con mis reflexiones o con el diálogo sobre el tema con “mi marido”. Qué bien suena, “mi marido” Sí, amor tú, José Carlos.
Mi querido Diario:
José Carlos y yo hemos empezado una nueva relación. Un nuevo noviazgo, una mayor
Compenetración y forma de comunicarnos y entregarnos el uno al otro, que es el amor.
Ya hace más de dos años, quizás más de tres, que nuestras conversaciones y diálogos, pláticas y coloquios se han ido convirtiendo poco a poco en un volcar sobre el otro lo más íntimo de nuestras personas, nuestras ideas más secretas, nuestras apetencias más entrañables, nuestros deseos más recónditos, nuestras ilusiones más profundas, nuestras convicciones más firmes, nuestros sentimientos más hondos, lo más oculto y escondido en lo más entrañable de nuestro ser, nuestro yo más completo y más personal y reservado, aquello que guardamos celosamente a las miradas y oídos de todos solo para nosotros mismos.
Pero no sólo en el sexo y en la intimidad de las apetencias corporales o carnales, no.
Creo que hemos ido construyendo un diálogo del cuerpo pero sobre todo del alma. En este diálogo del alma, de nuestra persona entera se acopla y encaja perfectamente el diálogo del cuerpo. Y este diálogo se ha ido transformando en una conversación continua y sutil, a veces etérea y hasta silenciosa, porque muchas veces no nos hacen falta palabras para entendernos y compenetrarnos y otras veces aún en la distancia y la separación yo noto la unión y su presencia, sé que nos estamos comunicando y dialogando en perfecta armonía de sentimientos e ideas.
Claro que este diálogo solo se puede dar en una entrega absoluta y una donación plena de nuestro ser al ser amado, y es mucho más lo que hay de nosotros mismos en nuestras charlas que de circunstancias exteriores.
Yo se que hay que hablar del dinero, de las cosas materiales, de la casa, del trabajo, del dolor y las enfermedades, de las alegrías y consuelos, de los sueños materiales y hasta corporales, la sensibilidad, la sensualidad y la sexualidad, del futuro, y de otras tantas mil cosas del mundo y sus circunstancias.
Sí también de la casa, de la nevera rota, de los zapatos de Juanito, del gasto en la Primera Comunión de Isabelita, de su educación y formación, de sus problemas y amistades.
Cómo no le voy a contar “mi día”, mis horas en su ausencia, es decir las que por necesidad pasamos separados, los encontronazos y desarmonías con mis jefes y compañeros, y las armonías, satisfacciones en el trabajo bien hecho, etc. pero lo que más llena mi alma son esos momentos en que con palabras unas veces, pues son necesarias, y otras veces sin ella, la comunicación se hace tan profunda, tan entera, tan del alma, tan íntima, que quedamos compenetrados el uno en el otro, y se hace realidad “serán dos, en una sola alma”. Es lo que yo llamo “la comunicación profunda”, “el diálogo del cuerpo y el alma”, “la entrega total de nuestro yo”. Ser libro abierto. Todo transparencia.
La vida y el pasado abierto porque quiero. Aunque tenga que llorar por el. José Carlos y yo nos hemos peguntado si la entrega total de “la vida pasada”, amistades, amores, debilidades y virtudes eran necesarias compartir para que la comunicación fuera completa. No, fue nuestra respuesta. Ni es totalmente necesaria ni a veces puede ser aconsejable y bueno. Lo que se entrega es la vida hacia delante desde que nos enamoramos. No hacia atrás. No lo que ha quedado fijo y clavado en el pasado y es inamovible ya, y no lo podemos cambiar para entregarlo limpio y hermoso al amado. Ese pasado se puede si se quiere, sin exigencia desde luego del amado, ir entregando en la medida solo de que cree unión y cariño. Si va a crear celos, infundados pues el pasado no “le pertenece”, recelos, desuniones, dificultades, desavenencias, es mejor dejarlo totalmente en el olvido. Lo que del pasado pueda unir, ayudarme a superar en el presente, apoyarme en el amado para la entrega y la vida, crear un pozo común de recuerdos, la infancia, los amigos, la vida familiar, las dificultades o sufrimientos pasados que al entregarlos puede crear compasión, en su verdadero sentido, sufrir con, puede ser entregado sin prisas, sin guión, cuando salga y venga espontáneamente. Quedarse en el diálogo sobre el pasado, sobretodo cuando se convierte en curiosidad malsana, en hurgar en los bordes de las heridas o caídas, o quedarse en el diálogo superficial y baladí, aún en el necesario pero solo de tejas para fuera, es ya un fallo y un deterioro. Quedarse ahí sería un error que ya empezaría a romper la pareja. Cuando no se crece, se descrece, se merma. Así el amor. Cuando no vives y sientes que vives, estás empezado a morir y muere. Cuando no creces y nada hay que haga crecer más la pareja que el diálogo del cuerpo, sí, pero también del alma, decreces, y al final nada queda sino la rutina, el sin entusiasmo y sin ilusiones, la desilusión pues y la monotonía más anodina y desesperante, el caminar junto a ti por inercia y por costumbre, sin vida compartida y sin unión de corazón y alma. Vida vegetativa pero carente de vida.
Por eso aunque ya hayamos hablado del diálogo quisiera insistir en el diálogo profundo. En él, lo más íntimo de mi ser va saliendo suavemente, sin aspavientos ni violencia y se va entregado a José Carlos con normalidad y viceversa. Y él me recibe como yo le recibo, con cariño y en el amor.
Soñamos juntos los hijos, tras soñar juntos la vida. Todos vendrán, si Dios quiere, deseados en el amor, como fruto del amor, nacidos en el amor, y recibidos de amor de Dios Padre.
Nos gusta hablar de Dios, de nuestra relación con El, del amor a su Hijo Jesucristo, de cómo nos sentimos amados y protegidos por la Virgen, su Madre, con ternura y cariño de también Madre nuestra.
No podré nunca querer a nadie como te quiero a ti José Carlos, porque a nadie podré entregar lo que te he entregado a ti de mi misma. Busco, profundizo y escarbo en lo más profundo de mi persona y no encuentro nada que no te pertenezca, que no comparta contigo.
Compartimos el cuerpo, el alma y la vida. Lo he puesto en singular por ser un solo cuerpo una sola alma y una sola vida. Pero sobretodo compartimos a un solo Señor y Salvador Jesucristo y a un único y verdadero Dios y Padre en el Espíritu de adopción.
¿Se puede, querido José Carlos, compartir algo mayor ni más hermoso que compartir nuestro Dios?
José Carlos, nuestro barro es barro. Pero está vivificado por el soplo divino que le infunde vida y por el agua del bautismo que le infunde vida divina. Nuestro barro es barro, pero es barro cocido en el horno amoroso de las manos de Creador.
Solo el barro húmedo y blando por el agua del amor humano, es moldeable y se puede unir y fusionar totalmente hasta hacerlo uno e inseparable, en otro barro. Mi barro en tu barro, José Carlos, hecho un solo barro, fusionado por nuestro amor de matrimonio natural de pareja humana y vivificado por Dios en el Sacramento del Matrimonio, el barro divino pues nuestra carne está destinada a la glorificación y nuestras almas están divinizadas en el amor de Cristo. “Vivo yo, más no soy yo, es Cristo quien vive en mí” Pablo. El agua sí, pero el agua convertida en vino, por la súplica a Jesús del amor cariñoso de nuestra Madre, María.
Preguntas.:
1ª.- ¿Hemos superado el diálogo necesario pero de “tejas abajo” en nuestra pareja por un diálogo más profundo y personal en que se comuniquen las convicciones más íntimas, las aspiraciones más profundas e incluso la fe y el modo de vivir del amor a Dios?
2ª.- ¿Hemos necesitado confiarnos nuestra vida pasada, amores, amistades, alegrías y penas o disgustos, fracasos y alejamiento de Dios, relación y aspiraciones del trabajo, “pequeñas historias de nuestra pequeña historia”, relación con Dios y su gracia y dones, etc.?
3ª.- ¿Ha ido saliendo con naturalidad, sin estridencias, sin celos, sin hurgar en las llagas, sin exigencias, cuando han sido necesarias u oportunas, como entrega personal querida o buscada por cada uno de los dos y no como rebusca del otro por apoderarse de mi yo?
4ª.- ¿Han entrado en nuestras conversaciones profundas, los hijos, el deseo de tenerlos y como amarlos y educarlos, cómo compaginar la paternidad y maternidad responsable, nuestra fertilidad carnal con nuestra fertilidad espiritual y de amor matrimonial, “unión y comunión de la pareja”, etc.?
5ª.- A veces no es ni necesario ni conveniente ni aconsejable pero a veces se pueden compartir fracasos y luchas en la vida espiritual y sobrenatural de cada uno de los dos.
¿Somos capaces de compartir, al menos, las dificultades espirituales de nuestra vida sobrenatural que nos afectan por las relaciones con el otro, como pueden ser nuestra vida sexual y sensual, el placer canal, el gozo espiritual, las relaciones en el trato y el humor, la cordialidad y respeto entre la pareja, la cortesía, el respeto a los silencios o necesidades de soledad o aislamiento, etc?
Reunión de Grupo:
No estuvimos en esta reunión del Grupo pues José Carlos y yo estábamos de Viaje de Novios. ¡Qué gustirrinín! Ya te contaré. Pero los dos hemos decidido dialogarlas en algunas de nuestras salidas al campo, en la playa es más difícil, pues siempre hay gente alrededor. Quedan pues pendientes. Algún día que vengan nuestros amigos del grupo a casa también sacaremos el tema para ver que dijeron ellos, pues el tema es apasionante y esencial para el buen funcionamiento de cualquier pareja.
Conclusión:
A esta llegó el Grupo y venía detrás de las parejas en los apuntes de María.
La vida no es vida si no se comparte, con Dios y con la pareja.
Más bien es muerte, el aislamiento y la falta de diálogo y
La pareja que no dialoga ya está muriendo y muere.
La unión natural del matrimonio debe llevar siempre al diálogo que debe haber nacido con fuerza en el noviazgo, y el sacramento debe llevar el diálogo a los bienes sobrenaturales y de Dios.
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Mi Diario, Reunión del quince de mayo de 2004. Viernes.
Comunicación y diálogo, esencia de la vida en común.
Cuando el grupo nos fue a recibir al aeropuerto a la vuelta de nuestro Viaje de Novios, Mónica y María me habían guardado las notas y “las cartas” de estas tres reuniones del Grupo a las que José Carlos y yo no pudimos asistir. Con ellos, claro sin las aportaciones de la reunión de grupo, he reconstruido al completo las reuniones, en Mi Diario con mis reflexiones o con el diálogo sobre el tema con “mi marido”. Qué bien suena, “mi marido” Sí, amor tú, José Carlos.
Mi querido Diario:
José Carlos y yo hemos empezado una nueva relación. Un nuevo noviazgo, una mayor
Compenetración y forma de comunicarnos y entregarnos el uno al otro, que es el amor.
Ya hace más de dos años, quizás más de tres, que nuestras conversaciones y diálogos, pláticas y coloquios se han ido convirtiendo poco a poco en un volcar sobre el otro lo más íntimo de nuestras personas, nuestras ideas más secretas, nuestras apetencias más entrañables, nuestros deseos más recónditos, nuestras ilusiones más profundas, nuestras convicciones más firmes, nuestros sentimientos más hondos, lo más oculto y escondido en lo más entrañable de nuestro ser, nuestro yo más completo y más personal y reservado, aquello que guardamos celosamente a las miradas y oídos de todos solo para nosotros mismos.
Pero no sólo en el sexo y en la intimidad de las apetencias corporales o carnales, no.
Creo que hemos ido construyendo un diálogo del cuerpo pero sobre todo del alma. En este diálogo del alma, de nuestra persona entera se acopla y encaja perfectamente el diálogo del cuerpo. Y este diálogo se ha ido transformando en una conversación continua y sutil, a veces etérea y hasta silenciosa, porque muchas veces no nos hacen falta palabras para entendernos y compenetrarnos y otras veces aún en la distancia y la separación yo noto la unión y su presencia, sé que nos estamos comunicando y dialogando en perfecta armonía de sentimientos e ideas.
Claro que este diálogo solo se puede dar en una entrega absoluta y una donación plena de nuestro ser al ser amado, y es mucho más lo que hay de nosotros mismos en nuestras charlas que de circunstancias exteriores.
Yo se que hay que hablar del dinero, de las cosas materiales, de la casa, del trabajo, del dolor y las enfermedades, de las alegrías y consuelos, de los sueños materiales y hasta corporales, la sensibilidad, la sensualidad y la sexualidad, del futuro, y de otras tantas mil cosas del mundo y sus circunstancias.
Sí también de la casa, de la nevera rota, de los zapatos de Juanito, del gasto en la Primera Comunión de Isabelita, de su educación y formación, de sus problemas y amistades.
Cómo no le voy a contar “mi día”, mis horas en su ausencia, es decir las que por necesidad pasamos separados, los encontronazos y desarmonías con mis jefes y compañeros, y las armonías, satisfacciones en el trabajo bien hecho, etc. pero lo que más llena mi alma son esos momentos en que con palabras unas veces, pues son necesarias, y otras veces sin ella, la comunicación se hace tan profunda, tan entera, tan del alma, tan íntima, que quedamos compenetrados el uno en el otro, y se hace realidad “serán dos, en una sola alma”. Es lo que yo llamo “la comunicación profunda”, “el diálogo del cuerpo y el alma”, “la entrega total de nuestro yo”. Ser libro abierto. Todo transparencia.
La vida y el pasado abierto porque quiero. Aunque tenga que llorar por el. José Carlos y yo nos hemos peguntado si la entrega total de “la vida pasada”, amistades, amores, debilidades y virtudes eran necesarias compartir para que la comunicación fuera completa. No, fue nuestra respuesta. Ni es totalmente necesaria ni a veces puede ser aconsejable y bueno. Lo que se entrega es la vida hacia delante desde que nos enamoramos. No hacia atrás. No lo que ha quedado fijo y clavado en el pasado y es inamovible ya, y no lo podemos cambiar para entregarlo limpio y hermoso al amado. Ese pasado se puede si se quiere, sin exigencia desde luego del amado, ir entregando en la medida solo de que cree unión y cariño. Si va a crear celos, infundados pues el pasado no “le pertenece”, recelos, desuniones, dificultades, desavenencias, es mejor dejarlo totalmente en el olvido. Lo que del pasado pueda unir, ayudarme a superar en el presente, apoyarme en el amado para la entrega y la vida, crear un pozo común de recuerdos, la infancia, los amigos, la vida familiar, las dificultades o sufrimientos pasados que al entregarlos puede crear compasión, en su verdadero sentido, sufrir con, puede ser entregado sin prisas, sin guión, cuando salga y venga espontáneamente. Quedarse en el diálogo sobre el pasado, sobretodo cuando se convierte en curiosidad malsana, en hurgar en los bordes de las heridas o caídas, o quedarse en el diálogo superficial y baladí, aún en el necesario pero solo de tejas para fuera, es ya un fallo y un deterioro. Quedarse ahí sería un error que ya empezaría a romper la pareja. Cuando no se crece, se descrece, se merma. Así el amor. Cuando no vives y sientes que vives, estás empezado a morir y muere. Cuando no creces y nada hay que haga crecer más la pareja que el diálogo del cuerpo, sí, pero también del alma, decreces, y al final nada queda sino la rutina, el sin entusiasmo y sin ilusiones, la desilusión pues y la monotonía más anodina y desesperante, el caminar junto a ti por inercia y por costumbre, sin vida compartida y sin unión de corazón y alma. Vida vegetativa pero carente de vida.
Por eso aunque ya hayamos hablado del diálogo quisiera insistir en el diálogo profundo. En él, lo más íntimo de mi ser va saliendo suavemente, sin aspavientos ni violencia y se va entregado a José Carlos con normalidad y viceversa. Y él me recibe como yo le recibo, con cariño y en el amor.
Soñamos juntos los hijos, tras soñar juntos la vida. Todos vendrán, si Dios quiere, deseados en el amor, como fruto del amor, nacidos en el amor, y recibidos de amor de Dios Padre.
Nos gusta hablar de Dios, de nuestra relación con El, del amor a su Hijo Jesucristo, de cómo nos sentimos amados y protegidos por la Virgen, su Madre, con ternura y cariño de también Madre nuestra.
No podré nunca querer a nadie como te quiero a ti José Carlos, porque a nadie podré entregar lo que te he entregado a ti de mi misma. Busco, profundizo y escarbo en lo más profundo de mi persona y no encuentro nada que no te pertenezca, que no comparta contigo.
Compartimos el cuerpo, el alma y la vida. Lo he puesto en singular por ser un solo cuerpo una sola alma y una sola vida. Pero sobretodo compartimos a un solo Señor y Salvador Jesucristo y a un único y verdadero Dios y Padre en el Espíritu de adopción.
¿Se puede, querido José Carlos, compartir algo mayor ni más hermoso que compartir nuestro Dios?
José Carlos, nuestro barro es barro. Pero está vivificado por el soplo divino que le infunde vida y por el agua del bautismo que le infunde vida divina. Nuestro barro es barro, pero es barro cocido en el horno amoroso de las manos de Creador.
Solo el barro húmedo y blando por el agua del amor humano, es moldeable y se puede unir y fusionar totalmente hasta hacerlo uno e inseparable, en otro barro. Mi barro en tu barro, José Carlos, hecho un solo barro, fusionado por nuestro amor de matrimonio natural de pareja humana y vivificado por Dios en el Sacramento del Matrimonio, el barro divino pues nuestra carne está destinada a la glorificación y nuestras almas están divinizadas en el amor de Cristo. “Vivo yo, más no soy yo, es Cristo quien vive en mí” Pablo. El agua sí, pero el agua convertida en vino, por la súplica a Jesús del amor cariñoso de nuestra Madre, María.
Preguntas.:
1ª.- ¿Hemos superado el diálogo necesario pero de “tejas abajo” en nuestra pareja por un diálogo más profundo y personal en que se comuniquen las convicciones más íntimas, las aspiraciones más profundas e incluso la fe y el modo de vivir del amor a Dios?
2ª.- ¿Hemos necesitado confiarnos nuestra vida pasada, amores, amistades, alegrías y penas o disgustos, fracasos y alejamiento de Dios, relación y aspiraciones del trabajo, “pequeñas historias de nuestra pequeña historia”, relación con Dios y su gracia y dones, etc.?
3ª.- ¿Ha ido saliendo con naturalidad, sin estridencias, sin celos, sin hurgar en las llagas, sin exigencias, cuando han sido necesarias u oportunas, como entrega personal querida o buscada por cada uno de los dos y no como rebusca del otro por apoderarse de mi yo?
4ª.- ¿Han entrado en nuestras conversaciones profundas, los hijos, el deseo de tenerlos y como amarlos y educarlos, cómo compaginar la paternidad y maternidad responsable, nuestra fertilidad carnal con nuestra fertilidad espiritual y de amor matrimonial, “unión y comunión de la pareja”, etc.?
5ª.- A veces no es ni necesario ni conveniente ni aconsejable pero a veces se pueden compartir fracasos y luchas en la vida espiritual y sobrenatural de cada uno de los dos.
¿Somos capaces de compartir, al menos, las dificultades espirituales de nuestra vida sobrenatural que nos afectan por las relaciones con el otro, como pueden ser nuestra vida sexual y sensual, el placer canal, el gozo espiritual, las relaciones en el trato y el humor, la cordialidad y respeto entre la pareja, la cortesía, el respeto a los silencios o necesidades de soledad o aislamiento, etc?
Reunión de Grupo:
No estuvimos en esta reunión del Grupo pues José Carlos y yo estábamos de Viaje de Novios. ¡Qué gustirrinín! Ya te contaré. Pero los dos hemos decidido dialogarlas en algunas de nuestras salidas al campo, en la playa es más difícil, pues siempre hay gente alrededor. Quedan pues pendientes. Algún día que vengan nuestros amigos del grupo a casa también sacaremos el tema para ver que dijeron ellos, pues el tema es apasionante y esencial para el buen funcionamiento de cualquier pareja.
Conclusión:
A esta llegó el Grupo y venía detrás de las parejas en los apuntes de María.
La vida no es vida si no se comparte, con Dios y con la pareja.
Más bien es muerte, el aislamiento y la falta de diálogo y
La pareja que no dialoga ya está muriendo y muere.
La unión natural del matrimonio debe llevar siempre al diálogo que debe haber nacido con fuerza en el noviazgo, y el sacramento debe llevar el diálogo a los bienes sobrenaturales y de Dios.
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29.- "La entrega total"
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Mi Diario. Reunión del veinte y dos de mayo de 2004. Sábado.
A Paloma.
La ausencia de egoísmo. Entrega de sí mismo.
El sexo como símbolo y signo de la entrega en la consumación carnal.
Como en el tema anterior son los apuntes de mis queridas María y Mónica los que me sirven para no perder el tema y completar Mi Diario y mis apuntes sobre nuestras reuniones.
Copio primero la carta a Paloma sobre la entrega total y sin reservarse nada, señal inequívoca del amor verdadero, quien se reserva ya está destruyendo su amor, y luego las preguntas y mi charla con José Carlos.
Carta a:
Mi querida Paloma:
Quisiera aclararte en estas líneas un poco tus preguntas sobre la entrega total de sí mismo a la persona amada y sus relaciones con la entrega de la plenitud del sexo, que parece, me dices, que si está en nuestra voluntad la entrega total y personal al otro, haría lícita y hasta aconsejable la entrega sexual simultáneamente y sin tener que esperar al matrimonio, como su ilicitud o inconveniencia si hay una reserva en la entrega, lo que yo llamo la entrega controlada.
En la naturaleza misma de la pareja humana, entendida en el mismo sentido en que la creó el Hacedor, está el amor como fundamento y anclaje, y efectivamente TAMBIEN se expresa normalmente por el sexo y la unión carnal de los mismos, como símbolo y significado de la entrega total y personal, y por tanto perpetua en el corazón, el amor no pasa jamás, hasta la muerte en el compromiso, y exclusiva.
Si no hay entrega total de la persona, mi yo completo con exclusividad, sin reservas y para siempre, se vanaliza el sexo, tanto en su fin procreador, los hijos necesitan de sus dos progenitores con estabilidad, como en su fin unitivo.
La reserva o entrega controlada crea inestabilidad, puede crear dudas y es signo de provisionalidad y parcialidad en la intención de los miembros de la pareja.
Nos hemos quedado con algo de nosotros mismos que no hemos entregado. Hay una duda latente en la totalidad de nuestro amor, que se reserva una puerta de escape, aunque solo sea posible y no deseada.
¿Puede una pareja aún antes del matrimonio hacer una entrega mutua total y absoluta de sus personas? Si no es así, esta unión, la comunión carnal, signo de la entrega total, queda disminuida y desnaturalizada de su propio sentido convirtiéndola en un acto humano más, sin sentido trascendente, aún con su compromiso parcial y reservas consientes o subconscientes.
Pero pueden. Quién puede dudarlo.
El hecho de firmar un compromiso, matrimonio civil, o comprometerse ante Dios, mediante una alianza sagrada, matrimonio religioso, Sacramento cristiano, o de otras creencias religiosas, no conlleva la entrega personal. Es más, puede existir sin ellos y no existir con ellos.
Y en esto que voy a añadir “no tengo mandato del Señor," diré con San Pablo, porque no es doctrina del Sacramento sino especulación personal mía, personalísima, y por tanto limitada. Tan limitada que yo mismo la comparto como próxima a la verdad, a la realidad, más que la realidad y la verdad mismas.
Pero si el matrimonio natural es esa misma entrega personal y completa, consumada y expresada en plenitud en la unión afectiva y carnal de la pareja, signo y significado hecho realidad, yo intuyo que “YA hay matrimonio” desde el mismo momento que se da esa entrega con las connotaciones de perpetua, exclusiva y personal. Para decirlo con otras palabras: están ya casados porque el signo se convirtió en significado, y la entrega en realidad de unión de la pareja.
La firma del compromiso no es más que la ratificación ante la Sociedad de la autenticidad de la entrega con las consecuencias aceptadas que conlleva socialmente este compromiso: estabilidad, hijos, bienes comunes, etcétera...
.Diré que este matrimonio natural es más dudoso en parejas de bautizados, para los que es “obligatorio” el Sacramento. Pero así y todo pienso que ante Dios, muchas parejas de novios que han llegado a ratificar su unión con la consumación carnal del sexo, entregado como donación completa del amor, están de verdad ya casadas.
No podría decir si hasta se ha producido el Sacramento en caso de creyentes bautizados pues siendo los ministros del Sacramento ellos mismos, los contrayentes, solo ha faltado el testigo eclesial, normalmente el sacerdote, y su revelación pública, pues el Sacramento del Matrimonio se celebra ante la Asamblea cristiana del Pueblo de Dios, los testigos.
Dos personas, solas, como unos Robinsones, pueden casarse al hacerse la entrega y yo diría que “Eclesia suplet” y se produce el Sacramento, si son bautizados, cristianos creyentes y si está en su intención el quererlo recibir. Pero el hecho de evitar o evadir el acto ante la Sociedad, - parejas de hecho, que hoy se llaman, - puede nacer de una reserva de dominio sobre nuestra propia persona que devalúa y mengua y hasta ningunea o banalaza el acto.
¿Puede una pareja dar y recibir, aceptar amor en estas circunstancias? Claro que sí, quién puede negar que aún con limitaciones, el sexo pueda provenir del amor y de la entrega al otro, del cariño a la pareja y hasta del deseo de vivir juntos para siempre y para siempre entregarse al otro.
Pero también quien puede negar que es un resquicio por donde puede entrar la duda y la sospecha de que la entrega está condicionada a que “vaya bien,” o a que no aparezca alguien que de más o que parezca mejor, tanto en lo temporal, bienes, como en lo corporal, sexo y placer.
Pero sobretodo que al no ser plena la entrega, el amor no es pleno. Le estamos negando al amado “algo” que le pertenece, al negarle la plenitud de nuestro yo.
A veces uno desea la ratificación pública de su entrega, el Matrimonio, y el otro le da largas o pone pegas, porque en el fondo no quiere un compromiso verdaderamente completo y estable.
Y quién puede negar que cuando en una de las partes sólo hay búsqueda de sexo o placer y claramente no hay entrega ninguna, la relación sexual de ambos la ha prostituido, al menos, para cuantos lo entendemos como signo y expresión de amor.
Claro que la entrega es mucho más y más amplia que el sexo, la unión carnal y todos sus aledaños de sentimientos, caricias, placeres, besos, abrazos, y roces vehementes.
Claro que el sexo es símbolo – representa- de la entrega amorosa y que es signo, - significado y significa- esa misma entrega total.
Pero puede circunscribirse en otros contextos, como el placer, el deseo, la voluptuosidad, el Eros, la concupiscencia, el simple intercambio interesado por una o ambas partes y hasta la explotación del otro rebajándolo a simple objeto de mi placer y mis deseos, sin pizca de amor ni siquiera de cariño o consideración.
En otra carta te conté como el sexo puede ser entendido y como a veces se le entiende.
Aquí quisiera terminar en cómo lo entiende Dios Padre, su Creador, la Iglesia en el Sacramento, creado por Jesús, Dios Hijo, y cómo lo debemos vivir los cristianos con la fuerza del amor, del Dios-Amor, Dios Espíritu Santo.
Dios crea al hombre a su imagen y semejanza. Dios es amor, luego crea al hombre para amar. Y para mantener la especie, la procreación, crea el sexo fecundo, haciéndonos participe de su creación, nacida del amor, engendrando en el amor. Dios crea nuestro espíritu, el alma, y nosotros engendramos el cuerpo vivo del nasciturus, entre ambos damos vida a una nueva persona humana.
Y para mantener, aumentar la unión y fijarla en la pareja, para que se comuniquen mutuamente su entrega y su amor crea el sexo, en su sentido unitivo dando estabilidad al hogar y a la familia y haciéndonos vivir el Sacramento. Sexo fecundo, pues, produce unión y aumenta el amor de los cónyuges.
Y todo en un marco de gozo, cariño, ternura, placer, deseo, entrega y donación mutua. Es un dar y darse, pedir porque sabemos que el otro está deseando darnos y espera ansioso nuestra petición amorosa, tierna y a veces carnal.
Y así recibimos del otro, porque el amor no solo es dar, es saber recibir del amado, que también es una forma de darnos, dejando que el amado al ser amante llegue a su plenitud dándose a nosotros.
Con cariño, Carlos.
Preguntas:
1.- ¿Si no hay entrega total de la persona, con exclusividad y para siempre, hay verdadero amor en el pleno sentido de la naturaleza humana?
2.- ¿Sin amor total no se banaliza caso el sexo, tanto en su fin procreador como en su fin unitivo?
3.- ¿Puede haber entrega completa corporal, relación sexual antes del Sacramento entre cristianos?
Enumerar los inconvenientes y las razones favorables.
4.- ¿Por qué la Iglesia las desaconseja y las prohíbe en el marco del noviazgo entre cristianos bautizados?
5.- ¿Por qué la Iglesia pide a los bautizados que antes de consumar la unión carnal o el matrimonio natural si lo hubiere, se reciba el Sacramento ante el Pueblo de Dios, como testigos, y lo bendiga un sacerdote como testigo cualificado del Sacramento?
5.- ¿Qué diferencias hay entre pareja de hecho, matrimonio civil, matrimonio Sacramental, para bautizados y no bautizados? (los no bautizados no pueden recibir el Sacramento. Véase el caso de los matrimonios mixtos, católico con no católico y este bautizado o no)
6.- ¿Cómo en el amor de unión de la pareja el “darse” se puede convertir en “recibirle” y sin dejar por eso de ser “dar”?
7.- ¿Puede haber unión carnal plenamente humana sin entrega unitiva, o el hecho de evitar o negar el sentido unitivo de la comunión carnal devalúa la entrega hasta convertirla en solo u acto en que se busca solamente el placer personal sin buscar para nada ni el placer para la pareja ni la unión-fijación con ella?
8.- ¿Porqué Dios ha creado la unión carnal y porqué la ha elevado hasta lo sobrenatural haciéndolo Sacramento de su alianza y signo sagrado de su amor a los hombres y a su Iglesia?
Charla con José Carlos:
Este tema ya lo teníamos un poco trillado entre nosotros dos en nuestras habituales salidas al campo y nuestros diálogos íntimos. Si el noviazgo es “lugar de encuentros”, para nosotros dos, sexo y sacramento han sido un lugar de conversaciones y de unificar sin violencia nuestros puntos de vista.
Hemos aceptado siempre como principio que nuestra unión marital sería eso, marital, tras ser marido y mujer por el Sacramento entre bautizados católicos que ahora en España tiene efectos plenamente civiles. Sin caso de necesidad extrema, falta de sacerdote durante un periodo muy largo, que bendiga la unión, caso ya muy improbable de aislamiento total de la pareja del mundo civilizado o católico, el recibir el Sacramento en la Iglesia y casarse para el Señor en la Iglesia, no tanto en el templo sino ante los hermanos, nos parece lo conveniente y necesario para creyentes. Los casos extremos serían eso, extremos, no por capricho o por robar a ver cómo nos va, que es desde luego signo inequívoco de entrega controlada y no plena de toda la persona y todo nuestro ser.
A la ventaja de ver como nos vamos acomodando y acoplando en el sexo y la convivencia de la unión prematrimonial vemos como perjuicio casi irreparable la posibilidad real de la duda por parte del otro o de los dos de que el amor sea completo cuando hay una resera de entrega y una puerta abierta a la ruptura antes incluso de haberla cerrado definitivamente. Hay otros muchos inconvenientes y alguna ventaja más, pero tan pequeñas estas y tan grandes aquellas que no merece la pena “la prueba”. En el fondo tota temporalidad es una falta de compromiso estable, del hombre de hoy que le tiene un miedo atroz al compromiso verdadero.
El darse se convierte en recibirle cuando el amante se hace amado para permitir y desear que el amado se haga amante para darle para posibilidad de gozar el gozo de la entrega y el darse.
Dios en un acto de generosidad infinita hizo el matrimonio natural sacramento para acercarse íntimamente el alianza a los esposos y para coparticipar en la mutua paternidad. Así permanece y se encarna en el sentido unitivo del amor de la pareja y nos participa de su Paternidad eterna en nuestra paternidad humana haciéndose presente en el sentido procreador del matrimonio.
Conclusión:
José Carlos y yo creemos que el sexo creado por Dios, es y debe ser signo sagrado y expresión de nuestra entrega total. Que el placer del sexo es unos de los regalos más maravillosos de Dios, bueno y necesario en la pareja, que hay que buscarlo para darlo y recibirlo, y que dentro de la alianza con Dios del Sacramento se hace también expresión y sigo de esta Alianza, y se eleva al gozo espiritual y completo de la persona en la entrega mutua y sin reservas, Alianza de nuevo con Dios, y expresión de nuestra entrega a El y de El con nosotros en presencia y encuentro con Jesús, en el Sacramento.
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Mi Diario. Reunión del veinte y dos de mayo de 2004. Sábado.
A Paloma.
La ausencia de egoísmo. Entrega de sí mismo.
El sexo como símbolo y signo de la entrega en la consumación carnal.
Como en el tema anterior son los apuntes de mis queridas María y Mónica los que me sirven para no perder el tema y completar Mi Diario y mis apuntes sobre nuestras reuniones.
Copio primero la carta a Paloma sobre la entrega total y sin reservarse nada, señal inequívoca del amor verdadero, quien se reserva ya está destruyendo su amor, y luego las preguntas y mi charla con José Carlos.
Carta a:
Mi querida Paloma:
Quisiera aclararte en estas líneas un poco tus preguntas sobre la entrega total de sí mismo a la persona amada y sus relaciones con la entrega de la plenitud del sexo, que parece, me dices, que si está en nuestra voluntad la entrega total y personal al otro, haría lícita y hasta aconsejable la entrega sexual simultáneamente y sin tener que esperar al matrimonio, como su ilicitud o inconveniencia si hay una reserva en la entrega, lo que yo llamo la entrega controlada.
En la naturaleza misma de la pareja humana, entendida en el mismo sentido en que la creó el Hacedor, está el amor como fundamento y anclaje, y efectivamente TAMBIEN se expresa normalmente por el sexo y la unión carnal de los mismos, como símbolo y significado de la entrega total y personal, y por tanto perpetua en el corazón, el amor no pasa jamás, hasta la muerte en el compromiso, y exclusiva.
Si no hay entrega total de la persona, mi yo completo con exclusividad, sin reservas y para siempre, se vanaliza el sexo, tanto en su fin procreador, los hijos necesitan de sus dos progenitores con estabilidad, como en su fin unitivo.
La reserva o entrega controlada crea inestabilidad, puede crear dudas y es signo de provisionalidad y parcialidad en la intención de los miembros de la pareja.
Nos hemos quedado con algo de nosotros mismos que no hemos entregado. Hay una duda latente en la totalidad de nuestro amor, que se reserva una puerta de escape, aunque solo sea posible y no deseada.
¿Puede una pareja aún antes del matrimonio hacer una entrega mutua total y absoluta de sus personas? Si no es así, esta unión, la comunión carnal, signo de la entrega total, queda disminuida y desnaturalizada de su propio sentido convirtiéndola en un acto humano más, sin sentido trascendente, aún con su compromiso parcial y reservas consientes o subconscientes.
Pero pueden. Quién puede dudarlo.
El hecho de firmar un compromiso, matrimonio civil, o comprometerse ante Dios, mediante una alianza sagrada, matrimonio religioso, Sacramento cristiano, o de otras creencias religiosas, no conlleva la entrega personal. Es más, puede existir sin ellos y no existir con ellos.
Y en esto que voy a añadir “no tengo mandato del Señor," diré con San Pablo, porque no es doctrina del Sacramento sino especulación personal mía, personalísima, y por tanto limitada. Tan limitada que yo mismo la comparto como próxima a la verdad, a la realidad, más que la realidad y la verdad mismas.
Pero si el matrimonio natural es esa misma entrega personal y completa, consumada y expresada en plenitud en la unión afectiva y carnal de la pareja, signo y significado hecho realidad, yo intuyo que “YA hay matrimonio” desde el mismo momento que se da esa entrega con las connotaciones de perpetua, exclusiva y personal. Para decirlo con otras palabras: están ya casados porque el signo se convirtió en significado, y la entrega en realidad de unión de la pareja.
La firma del compromiso no es más que la ratificación ante la Sociedad de la autenticidad de la entrega con las consecuencias aceptadas que conlleva socialmente este compromiso: estabilidad, hijos, bienes comunes, etcétera...
.Diré que este matrimonio natural es más dudoso en parejas de bautizados, para los que es “obligatorio” el Sacramento. Pero así y todo pienso que ante Dios, muchas parejas de novios que han llegado a ratificar su unión con la consumación carnal del sexo, entregado como donación completa del amor, están de verdad ya casadas.
No podría decir si hasta se ha producido el Sacramento en caso de creyentes bautizados pues siendo los ministros del Sacramento ellos mismos, los contrayentes, solo ha faltado el testigo eclesial, normalmente el sacerdote, y su revelación pública, pues el Sacramento del Matrimonio se celebra ante la Asamblea cristiana del Pueblo de Dios, los testigos.
Dos personas, solas, como unos Robinsones, pueden casarse al hacerse la entrega y yo diría que “Eclesia suplet” y se produce el Sacramento, si son bautizados, cristianos creyentes y si está en su intención el quererlo recibir. Pero el hecho de evitar o evadir el acto ante la Sociedad, - parejas de hecho, que hoy se llaman, - puede nacer de una reserva de dominio sobre nuestra propia persona que devalúa y mengua y hasta ningunea o banalaza el acto.
¿Puede una pareja dar y recibir, aceptar amor en estas circunstancias? Claro que sí, quién puede negar que aún con limitaciones, el sexo pueda provenir del amor y de la entrega al otro, del cariño a la pareja y hasta del deseo de vivir juntos para siempre y para siempre entregarse al otro.
Pero también quien puede negar que es un resquicio por donde puede entrar la duda y la sospecha de que la entrega está condicionada a que “vaya bien,” o a que no aparezca alguien que de más o que parezca mejor, tanto en lo temporal, bienes, como en lo corporal, sexo y placer.
Pero sobretodo que al no ser plena la entrega, el amor no es pleno. Le estamos negando al amado “algo” que le pertenece, al negarle la plenitud de nuestro yo.
A veces uno desea la ratificación pública de su entrega, el Matrimonio, y el otro le da largas o pone pegas, porque en el fondo no quiere un compromiso verdaderamente completo y estable.
Y quién puede negar que cuando en una de las partes sólo hay búsqueda de sexo o placer y claramente no hay entrega ninguna, la relación sexual de ambos la ha prostituido, al menos, para cuantos lo entendemos como signo y expresión de amor.
Claro que la entrega es mucho más y más amplia que el sexo, la unión carnal y todos sus aledaños de sentimientos, caricias, placeres, besos, abrazos, y roces vehementes.
Claro que el sexo es símbolo – representa- de la entrega amorosa y que es signo, - significado y significa- esa misma entrega total.
Pero puede circunscribirse en otros contextos, como el placer, el deseo, la voluptuosidad, el Eros, la concupiscencia, el simple intercambio interesado por una o ambas partes y hasta la explotación del otro rebajándolo a simple objeto de mi placer y mis deseos, sin pizca de amor ni siquiera de cariño o consideración.
En otra carta te conté como el sexo puede ser entendido y como a veces se le entiende.
Aquí quisiera terminar en cómo lo entiende Dios Padre, su Creador, la Iglesia en el Sacramento, creado por Jesús, Dios Hijo, y cómo lo debemos vivir los cristianos con la fuerza del amor, del Dios-Amor, Dios Espíritu Santo.
Dios crea al hombre a su imagen y semejanza. Dios es amor, luego crea al hombre para amar. Y para mantener la especie, la procreación, crea el sexo fecundo, haciéndonos participe de su creación, nacida del amor, engendrando en el amor. Dios crea nuestro espíritu, el alma, y nosotros engendramos el cuerpo vivo del nasciturus, entre ambos damos vida a una nueva persona humana.
Y para mantener, aumentar la unión y fijarla en la pareja, para que se comuniquen mutuamente su entrega y su amor crea el sexo, en su sentido unitivo dando estabilidad al hogar y a la familia y haciéndonos vivir el Sacramento. Sexo fecundo, pues, produce unión y aumenta el amor de los cónyuges.
Y todo en un marco de gozo, cariño, ternura, placer, deseo, entrega y donación mutua. Es un dar y darse, pedir porque sabemos que el otro está deseando darnos y espera ansioso nuestra petición amorosa, tierna y a veces carnal.
Y así recibimos del otro, porque el amor no solo es dar, es saber recibir del amado, que también es una forma de darnos, dejando que el amado al ser amante llegue a su plenitud dándose a nosotros.
Con cariño, Carlos.
Preguntas:
1.- ¿Si no hay entrega total de la persona, con exclusividad y para siempre, hay verdadero amor en el pleno sentido de la naturaleza humana?
2.- ¿Sin amor total no se banaliza caso el sexo, tanto en su fin procreador como en su fin unitivo?
3.- ¿Puede haber entrega completa corporal, relación sexual antes del Sacramento entre cristianos?
Enumerar los inconvenientes y las razones favorables.
4.- ¿Por qué la Iglesia las desaconseja y las prohíbe en el marco del noviazgo entre cristianos bautizados?
5.- ¿Por qué la Iglesia pide a los bautizados que antes de consumar la unión carnal o el matrimonio natural si lo hubiere, se reciba el Sacramento ante el Pueblo de Dios, como testigos, y lo bendiga un sacerdote como testigo cualificado del Sacramento?
5.- ¿Qué diferencias hay entre pareja de hecho, matrimonio civil, matrimonio Sacramental, para bautizados y no bautizados? (los no bautizados no pueden recibir el Sacramento. Véase el caso de los matrimonios mixtos, católico con no católico y este bautizado o no)
6.- ¿Cómo en el amor de unión de la pareja el “darse” se puede convertir en “recibirle” y sin dejar por eso de ser “dar”?
7.- ¿Puede haber unión carnal plenamente humana sin entrega unitiva, o el hecho de evitar o negar el sentido unitivo de la comunión carnal devalúa la entrega hasta convertirla en solo u acto en que se busca solamente el placer personal sin buscar para nada ni el placer para la pareja ni la unión-fijación con ella?
8.- ¿Porqué Dios ha creado la unión carnal y porqué la ha elevado hasta lo sobrenatural haciéndolo Sacramento de su alianza y signo sagrado de su amor a los hombres y a su Iglesia?
Charla con José Carlos:
Este tema ya lo teníamos un poco trillado entre nosotros dos en nuestras habituales salidas al campo y nuestros diálogos íntimos. Si el noviazgo es “lugar de encuentros”, para nosotros dos, sexo y sacramento han sido un lugar de conversaciones y de unificar sin violencia nuestros puntos de vista.
Hemos aceptado siempre como principio que nuestra unión marital sería eso, marital, tras ser marido y mujer por el Sacramento entre bautizados católicos que ahora en España tiene efectos plenamente civiles. Sin caso de necesidad extrema, falta de sacerdote durante un periodo muy largo, que bendiga la unión, caso ya muy improbable de aislamiento total de la pareja del mundo civilizado o católico, el recibir el Sacramento en la Iglesia y casarse para el Señor en la Iglesia, no tanto en el templo sino ante los hermanos, nos parece lo conveniente y necesario para creyentes. Los casos extremos serían eso, extremos, no por capricho o por robar a ver cómo nos va, que es desde luego signo inequívoco de entrega controlada y no plena de toda la persona y todo nuestro ser.
A la ventaja de ver como nos vamos acomodando y acoplando en el sexo y la convivencia de la unión prematrimonial vemos como perjuicio casi irreparable la posibilidad real de la duda por parte del otro o de los dos de que el amor sea completo cuando hay una resera de entrega y una puerta abierta a la ruptura antes incluso de haberla cerrado definitivamente. Hay otros muchos inconvenientes y alguna ventaja más, pero tan pequeñas estas y tan grandes aquellas que no merece la pena “la prueba”. En el fondo tota temporalidad es una falta de compromiso estable, del hombre de hoy que le tiene un miedo atroz al compromiso verdadero.
El darse se convierte en recibirle cuando el amante se hace amado para permitir y desear que el amado se haga amante para darle para posibilidad de gozar el gozo de la entrega y el darse.
Dios en un acto de generosidad infinita hizo el matrimonio natural sacramento para acercarse íntimamente el alianza a los esposos y para coparticipar en la mutua paternidad. Así permanece y se encarna en el sentido unitivo del amor de la pareja y nos participa de su Paternidad eterna en nuestra paternidad humana haciéndose presente en el sentido procreador del matrimonio.
Conclusión:
José Carlos y yo creemos que el sexo creado por Dios, es y debe ser signo sagrado y expresión de nuestra entrega total. Que el placer del sexo es unos de los regalos más maravillosos de Dios, bueno y necesario en la pareja, que hay que buscarlo para darlo y recibirlo, y que dentro de la alianza con Dios del Sacramento se hace también expresión y sigo de esta Alianza, y se eleva al gozo espiritual y completo de la persona en la entrega mutua y sin reservas, Alianza de nuevo con Dios, y expresión de nuestra entrega a El y de El con nosotros en presencia y encuentro con Jesús, en el Sacramento.
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30.- "La comunión carnal en su contexto"
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Mi Diario. Reunión a veintinueve de mayo de 2004. Sábado.
Así empezó la reunión con la relectura de unas líneas escritas por Carlos, me dijo Mónica, cuando me entregó estos apuntes, que ya nos había dado al final de la reunión anterior.
Son estas:
La comunión carnal es o al menos debe ser una entrega en plenitud de toda la persona. Pero quien dona puede reservarse toda o parte de la entrega aún con aquel para quien el acto carnal en su totalidad es una comunicación de amor o del amor.
Pienso, esto no es doctrina de la Iglesia, sino una especulación mía del acto en su contexto humano, que esta donación cuando es total y sin reserva alguna –donación completa de la persona al otro, - produce automáticamente la creación de la pareja como pareja humana y por tanto crea el matrimonio humano al margen de la ley y del sacramento, pero dentro del matrimonio natural. Podemos decir que “ya están casados.” El Sacramento es precisamente una donación plena del uno al otro que solo se consuma en el primer acto carnal pleno, en el acto marital. Si ambos se dan y se reciben total y para siempre, sin reserva alguna ¿quién puede decir que no se ha producido el sacramento si ellos mismos son sus ministros y su materia?
La intención de los amantes, su concupiscencia, sus intencionalidades al realizar el acto, simplemente lo humano en su naturaleza caída, pueden teñirla de deseo, el deseo se transforma en pasión, la pasión en vehemencia voluptuosa y en fin el egoísmo tiñe la entrega de hedonismo y se ve desteñido el amor.
Porque la unión sexual y toda relación sensual y sexual de una pareja pueden ir encarnadas en diferentes ámbitos, intenciones o causas o motivos de la pareja.
Claro que lo anteriormente expuesto, que ya en parte vimos en la reunión anterior, sólo se produce en determinadas ocasiones y en circunstancias especiales. Normalmente el Sacramento se recibe en el momento que la Iglesia lo bendice por medio de testigos, la asamblea del Pueblo de Dios, nos casamos ante la Iglesia como rebaño de Cristo Jesús el Buen Pastor, y para la Iglesia, como piedras vivas de ella o como miembros del Cuerpo Místico de Cristo, y ante su testigo cualificado, el Sacerdote que bendice la unión y preside el Sacramento. Pero materia y forma son los mismos contrayentes y por ellos en caso muy especiales se puede producir el Sacramento aún sin la presencia personal, sí la hay real en el espíritu, Eclesia suplet, de Pueblo de Dos y su ministerio sacerdotal.
Lo que vengo a afirmar es que alguna vez quizás esas parejas que por dificultades indeterminadas, pero graves y muy difícil de superar, retrasan la boda externa o pública, pero que alguna vez totalmente en donación se entregan, o que incluso llegan a vivir y compartir vidas y hogar, pudiera ser que ante los ojos de Dios ya sean pareja matrimonial, aunque deban ratificar ese matrimonio ante su Iglesia.
Me contó un sacerdote de un pueblo de Misión que a veces el Párroco de algunos pueblos alejados y perdidos tarda un año o más en volver por esos lugares casi ignotos. Las parejas se reúnen en la pequeña Capilla del lugar ante la Asamblea de Cristianos y allí “se casan” celebrando una pequeña ceremonia. Cuando vuelve por fin el Misionero bendice a estas parejas, que ya en verdad están casadas y viven juntas pues de hecho recibieron el Sacramento.
Pero hablábamos de la intención o intencionalidad de los novios al contraer matrimonio que puede ser muy distinta o algo viciada al ir a recibir el Sacramento o contraer matrimonio.
Hasta tal punto puede la intencionalidad viciar el acto que lo haga nulo de pleno derecho.
Sin la persona sólo busca en la sexualidad su placer ignorando al otro y sin contar con el otro para nada, si la sexualidad es sólo para mí satisfacción corporal, física y hasta personal, ninguneando al otro hasta tal punto que queda reducido a simple objeto de placer, es casi seguro un matrimonio nulo, por muchas bendiciones que le echemos encima.
La sexualidad es realización de nuestras personas y de nuestra comunicación en la misma medida también, pero relación y en esta relación debe haber dos personas relacionadas.
La sexualidad es pues comunicación del amor que existe en la pareja y tiene su plenitud en el contexto de la ternura.
Yo diría a toda novia: “Ámale como hombre que es, pero quiérele como a un niño grande”.
Y a todo novio: Ámala como mujer que es, pero quiérela en el ámbito y contexto de la ternura y la delicadeza.
Y a la pareja humana y cristiana: que tu sensualidad y tu sexualidad vaya siempre envuelta en el contexto necesario del amor, para que sea humana y no instintiva solo y animal solo, y que vuestro amor teñido y pleno de sexualidad , vaya siempre envuelto en la expresión de la ternura.
La plenitud del hombre, varón y mujer, es el amor. La más bella flor del amor es la ternura.
Preguntas:
1ª.- ¿Puede la sexualidad ser plenamente humana sin estar integrada en su contexto que es el amor?
Recordar que esta pregunta ya no la hicimos el día de la sexualidad en el Cursillo.
2ª.- ¿Puede la sexualidad ser “cristiana” si no es primero y simultáneamente “humana”, plenamente humana?
3ª.- ¿Cuales son las cualidades o notas necesarias en la sexualidad humana para que sea plenamente “animal” pero juntamente e inseparablemente plenamente racional?
Coincidencias y diferencias entre la sexualidad “solo animal” y la sexualidad humana.
4ª.- ¿Qué puede hacer la sexualidad humana, inhumana, pervertida, deforme, antinatural, y hasta físicamente o corporalmente perjudicial amén de sicológica y anímicamente destructiva?
5ª.- ¿Cuáles son las otras filosofías o primas desde donde los hombres han visto y ven la sexualidad?
Enumerarlas y ver sus ventajas e inconvenientes. Cuales son sus razones profundas por las que son erróneas.
Mi charla con José Carlos:
Aunque cuando tratamos la sexualidad y en otras ocasiones hemos dialogado este tema, muchas parejas “realizan juntos su sexualidad fuera o dentro del matrimonio pero nunca o casi nunca hablan de ella, o lo hacen muy superficialmente y solo desde el punto de vista del deseo o placer, (qué error tan profundo), ahora digo puntualizamos solo dos puntos.
El animal se rige solo por el instinto. El macho intenta copular siempre, pues se enardece fácilmente ante la presencia de la hembra, y en su atracción en muchos animales influye muy fuertemente el olor desprendido por la hembra si está en celo, y la hembra solo quiere copular en el periodo de celo o en los momentos fecundos. De hecho muchas veces hay hembras que rechazan fuertemente al macho si no lo están hasta con violencia física, coses, patadas, huidas.
Puede ser que haya animales que copulen cuando no están en celo, pero no se nos ocurrió ni sabíamos ninguno.
El hombre también intenta copular cuando el instinto se despierta y este se puede despertar por infinidad de causas. Coqueteos, belleza, provocación, posturas, desnudez o semidesnudez de la mujer, pero en caso de la pareja humana la mujer etc. se enardece también fuera del periodo fecundo aunque lo haga con menos intensidad. De hecho la humanidad ha practicado la copula carnal en todo el ciclo de la mujer, tanto en días fértiles como infecundos y así lo ha sentido siempre la Iglesia como lícitos y plenamente humanos, aunque en el Antiguo Testamento haya algunas prohibiciones de su uso en esos días, (Moisés) que se han interpretado como locales y temporales, no como universales y totales.
Así pues el hombre es el único, o uno de los únicos, animales que copula sin restricción de tiempo.
Pero el hombre debe someter sus instintos a su razón, ser razonable, y así su sexualidad debe estar dirigida por su inteligencia razonada y razonable, y no descontrolable y descontrolada.
¿Cómo tiene que ser este sometimiento? Los principios que debe imponer la razón son desde luego el amor, pues el amor es su principio y su fin, el bien del otro y de los demás, y la humanidad, que sea plenamente humano, en su realización y búsqueda.
Nos quedó una pregunta para más profundización. ¿Es lícito dejarse llevar por la pasión cuando esta desborda la razón y la vehemencia o apasionamiento casi enerva totalmente la persona y la hace obrar totalmente descontrolada?
En principio, creo que dice Santo Tomás, nos había dicho Carlos, y así lo explica algún teólogo dominico de mil novecientos y algo, todo acto fuera del dominio de la razón sería al menos un desorden y por tanto falta o pecado, al menos venial.
Alguno, y esto si que es falso, totalmente falso, llevado por enaltecer el celibato sin límites, llega a afirmar que toda cúpula carnal es al menos falta venial.
Cuando la comunión carnal puede ser el signo y la realización de la entrega total del hombre a la mujer y de la mujer al hombre en un deseo tan fuerte de ser tú, que se llega a la penetración física del uno en el otro. Cómo un acto tan maravilloso creado por Dios Padre para que participemos de su unión trinitaria y de su paternidad efusiva y comunicativa puede ser ofensa a su Creador.
Estamos sufriendo aún el jansenismo furibundo y erróneo de despreciar y pisotear la naturaleza humana en su materialidad como si la material, obra imaginativa y fantástica de Dios, fuera mala “per se”.
Sin embargo los ribetes de esta pregunta lo tenemos que profundizar más.
Besos mi querido Diario y hasta mañana.
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Mi Diario. Reunión a veintinueve de mayo de 2004. Sábado.
Así empezó la reunión con la relectura de unas líneas escritas por Carlos, me dijo Mónica, cuando me entregó estos apuntes, que ya nos había dado al final de la reunión anterior.
Son estas:
La comunión carnal es o al menos debe ser una entrega en plenitud de toda la persona. Pero quien dona puede reservarse toda o parte de la entrega aún con aquel para quien el acto carnal en su totalidad es una comunicación de amor o del amor.
Pienso, esto no es doctrina de la Iglesia, sino una especulación mía del acto en su contexto humano, que esta donación cuando es total y sin reserva alguna –donación completa de la persona al otro, - produce automáticamente la creación de la pareja como pareja humana y por tanto crea el matrimonio humano al margen de la ley y del sacramento, pero dentro del matrimonio natural. Podemos decir que “ya están casados.” El Sacramento es precisamente una donación plena del uno al otro que solo se consuma en el primer acto carnal pleno, en el acto marital. Si ambos se dan y se reciben total y para siempre, sin reserva alguna ¿quién puede decir que no se ha producido el sacramento si ellos mismos son sus ministros y su materia?
La intención de los amantes, su concupiscencia, sus intencionalidades al realizar el acto, simplemente lo humano en su naturaleza caída, pueden teñirla de deseo, el deseo se transforma en pasión, la pasión en vehemencia voluptuosa y en fin el egoísmo tiñe la entrega de hedonismo y se ve desteñido el amor.
Porque la unión sexual y toda relación sensual y sexual de una pareja pueden ir encarnadas en diferentes ámbitos, intenciones o causas o motivos de la pareja.
Claro que lo anteriormente expuesto, que ya en parte vimos en la reunión anterior, sólo se produce en determinadas ocasiones y en circunstancias especiales. Normalmente el Sacramento se recibe en el momento que la Iglesia lo bendice por medio de testigos, la asamblea del Pueblo de Dios, nos casamos ante la Iglesia como rebaño de Cristo Jesús el Buen Pastor, y para la Iglesia, como piedras vivas de ella o como miembros del Cuerpo Místico de Cristo, y ante su testigo cualificado, el Sacerdote que bendice la unión y preside el Sacramento. Pero materia y forma son los mismos contrayentes y por ellos en caso muy especiales se puede producir el Sacramento aún sin la presencia personal, sí la hay real en el espíritu, Eclesia suplet, de Pueblo de Dos y su ministerio sacerdotal.
Lo que vengo a afirmar es que alguna vez quizás esas parejas que por dificultades indeterminadas, pero graves y muy difícil de superar, retrasan la boda externa o pública, pero que alguna vez totalmente en donación se entregan, o que incluso llegan a vivir y compartir vidas y hogar, pudiera ser que ante los ojos de Dios ya sean pareja matrimonial, aunque deban ratificar ese matrimonio ante su Iglesia.
Me contó un sacerdote de un pueblo de Misión que a veces el Párroco de algunos pueblos alejados y perdidos tarda un año o más en volver por esos lugares casi ignotos. Las parejas se reúnen en la pequeña Capilla del lugar ante la Asamblea de Cristianos y allí “se casan” celebrando una pequeña ceremonia. Cuando vuelve por fin el Misionero bendice a estas parejas, que ya en verdad están casadas y viven juntas pues de hecho recibieron el Sacramento.
Pero hablábamos de la intención o intencionalidad de los novios al contraer matrimonio que puede ser muy distinta o algo viciada al ir a recibir el Sacramento o contraer matrimonio.
Hasta tal punto puede la intencionalidad viciar el acto que lo haga nulo de pleno derecho.
Sin la persona sólo busca en la sexualidad su placer ignorando al otro y sin contar con el otro para nada, si la sexualidad es sólo para mí satisfacción corporal, física y hasta personal, ninguneando al otro hasta tal punto que queda reducido a simple objeto de placer, es casi seguro un matrimonio nulo, por muchas bendiciones que le echemos encima.
La sexualidad es realización de nuestras personas y de nuestra comunicación en la misma medida también, pero relación y en esta relación debe haber dos personas relacionadas.
La sexualidad es pues comunicación del amor que existe en la pareja y tiene su plenitud en el contexto de la ternura.
Yo diría a toda novia: “Ámale como hombre que es, pero quiérele como a un niño grande”.
Y a todo novio: Ámala como mujer que es, pero quiérela en el ámbito y contexto de la ternura y la delicadeza.
Y a la pareja humana y cristiana: que tu sensualidad y tu sexualidad vaya siempre envuelta en el contexto necesario del amor, para que sea humana y no instintiva solo y animal solo, y que vuestro amor teñido y pleno de sexualidad , vaya siempre envuelto en la expresión de la ternura.
La plenitud del hombre, varón y mujer, es el amor. La más bella flor del amor es la ternura.
Preguntas:
1ª.- ¿Puede la sexualidad ser plenamente humana sin estar integrada en su contexto que es el amor?
Recordar que esta pregunta ya no la hicimos el día de la sexualidad en el Cursillo.
2ª.- ¿Puede la sexualidad ser “cristiana” si no es primero y simultáneamente “humana”, plenamente humana?
3ª.- ¿Cuales son las cualidades o notas necesarias en la sexualidad humana para que sea plenamente “animal” pero juntamente e inseparablemente plenamente racional?
Coincidencias y diferencias entre la sexualidad “solo animal” y la sexualidad humana.
4ª.- ¿Qué puede hacer la sexualidad humana, inhumana, pervertida, deforme, antinatural, y hasta físicamente o corporalmente perjudicial amén de sicológica y anímicamente destructiva?
5ª.- ¿Cuáles son las otras filosofías o primas desde donde los hombres han visto y ven la sexualidad?
Enumerarlas y ver sus ventajas e inconvenientes. Cuales son sus razones profundas por las que son erróneas.
Mi charla con José Carlos:
Aunque cuando tratamos la sexualidad y en otras ocasiones hemos dialogado este tema, muchas parejas “realizan juntos su sexualidad fuera o dentro del matrimonio pero nunca o casi nunca hablan de ella, o lo hacen muy superficialmente y solo desde el punto de vista del deseo o placer, (qué error tan profundo), ahora digo puntualizamos solo dos puntos.
El animal se rige solo por el instinto. El macho intenta copular siempre, pues se enardece fácilmente ante la presencia de la hembra, y en su atracción en muchos animales influye muy fuertemente el olor desprendido por la hembra si está en celo, y la hembra solo quiere copular en el periodo de celo o en los momentos fecundos. De hecho muchas veces hay hembras que rechazan fuertemente al macho si no lo están hasta con violencia física, coses, patadas, huidas.
Puede ser que haya animales que copulen cuando no están en celo, pero no se nos ocurrió ni sabíamos ninguno.
El hombre también intenta copular cuando el instinto se despierta y este se puede despertar por infinidad de causas. Coqueteos, belleza, provocación, posturas, desnudez o semidesnudez de la mujer, pero en caso de la pareja humana la mujer etc. se enardece también fuera del periodo fecundo aunque lo haga con menos intensidad. De hecho la humanidad ha practicado la copula carnal en todo el ciclo de la mujer, tanto en días fértiles como infecundos y así lo ha sentido siempre la Iglesia como lícitos y plenamente humanos, aunque en el Antiguo Testamento haya algunas prohibiciones de su uso en esos días, (Moisés) que se han interpretado como locales y temporales, no como universales y totales.
Así pues el hombre es el único, o uno de los únicos, animales que copula sin restricción de tiempo.
Pero el hombre debe someter sus instintos a su razón, ser razonable, y así su sexualidad debe estar dirigida por su inteligencia razonada y razonable, y no descontrolable y descontrolada.
¿Cómo tiene que ser este sometimiento? Los principios que debe imponer la razón son desde luego el amor, pues el amor es su principio y su fin, el bien del otro y de los demás, y la humanidad, que sea plenamente humano, en su realización y búsqueda.
Nos quedó una pregunta para más profundización. ¿Es lícito dejarse llevar por la pasión cuando esta desborda la razón y la vehemencia o apasionamiento casi enerva totalmente la persona y la hace obrar totalmente descontrolada?
En principio, creo que dice Santo Tomás, nos había dicho Carlos, y así lo explica algún teólogo dominico de mil novecientos y algo, todo acto fuera del dominio de la razón sería al menos un desorden y por tanto falta o pecado, al menos venial.
Alguno, y esto si que es falso, totalmente falso, llevado por enaltecer el celibato sin límites, llega a afirmar que toda cúpula carnal es al menos falta venial.
Cuando la comunión carnal puede ser el signo y la realización de la entrega total del hombre a la mujer y de la mujer al hombre en un deseo tan fuerte de ser tú, que se llega a la penetración física del uno en el otro. Cómo un acto tan maravilloso creado por Dios Padre para que participemos de su unión trinitaria y de su paternidad efusiva y comunicativa puede ser ofensa a su Creador.
Estamos sufriendo aún el jansenismo furibundo y erróneo de despreciar y pisotear la naturaleza humana en su materialidad como si la material, obra imaginativa y fantástica de Dios, fuera mala “per se”.
Sin embargo los ribetes de esta pregunta lo tenemos que profundizar más.
Besos mi querido Diario y hasta mañana.
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31.- "Vuelta del viaje de Novios"
La vuelta a nuestro hogar.
Mi Diario a seis de junio de 2004. Domingo. Tarde-noche.
El hogar compartido con José Carlos. La vuelta a casa.
Hemos llegado ayer, cinco, sábado por la noche pero antes de contarte la llegada tengo que decirte la extraordinaria suerte, no suerte no, Providencia, amor cuidadoso de Dios Padre, que he tenido al cruzarse mi vida con la de José Carlos.
He de confesarte, lo primero y apasionadamente, que José Carlos es maravilloso. Maravilloso, maravilloso, maravilloso. Así se puede resumir todo mi viaje de novios. Es lo que se decía antiguamente un “caballero”. Delicado, atento, servicial, protector sin que te sientas superprotegida o disminuida, paciente, alegre, hasta chistoso a veces, dentro de lo cortés, - me hacia reír hasta casi llorar y tenía que reprimir mis carcajadas para no parecer vulgar,- aventurero y lanzado, pero comedido y prudente, culto y nada pedante de su cultura, había preparado el viaje de novios en cada segundo y se sabía todos los pueblos, sus costumbres, su cultura o peculiaridades, su historia, su geografía y sus lugares peculiares, monumentos, Iglesias, Museos, paseos, vistas bonitas o panorámicas, miradores en la carretera, mesones y restaurantes donde comer lo típico o apetitoso, playas donde bañarse o tomar el sol, y un sin fin de detalles que me dejó admirada. Es fino, delicado, elegante pero sencillo, amable, previsor, buen conversador, sabe cuando callar y escuchar, atento a l que yo le pueda decir, - estas dos virtudes ya las había yo saboreado muchísimo durante nuestro noviazgo, como otras muchas, educado hasta decir basta, - me abre la puerta del coche siempre antes de entrar él, me deja pasar siempre delante, me espera para empezar a comer, está atento a que no me falte el vino o el agua, me coge del brazo para subir una cuesta o escalera, y a veces graciosamente antes de entrar en nuestro cuarto, de noche, al volver de cenar y bailar, me hace una reverencia al estilo medieval, inclinándose hasta la cintura , con un gesto del brazo y la mano, para dejarme entrar primero y hacerme reír un poco. Luego entra él y tras cerrar la puerta, me coge por el talle, me aprieta contra sí y busca mis labios apasionada y cariñosamente.
Bueno y detallista hasta la exageración. Cada vez que llegábamos una posada nueva, casa rural, hotel, apartamento, etc. Siempre al abrir la puerta de nuestro cuarto me encontraba un pequeño florero sobre la mesa o mi mesilla d noche con una rosa roja, tan hermosa como las que me llevó escondidas en su mochila el día de su declaración.
Por otro lado es tierno, cariñoso, hasta un poco la exageración, pero sin llegar a ser meloso y relamido, salamero, puntual, y sin llegamos a el amor sexual y de pareja , te lo diré sin rubor, llena mi cuerpo hasta la plenitud, me hace desbordar y desbordarme, es vehemente y creativo, atento a darme placer y a llenar todas mis apetencias y mis sensibilidades, y cuando caemos rendidos y exhaustos, después de llegar a la cumbre del amor y del sexo, esperándome hasta que yo llego a la sima de mi montaña gozoso y de placer, y ya casi no tengo fuerzas nada más que para darle la mano, tendido y desnuda a su lado y me voy quedando dormida con los ojos muy cerrados, , se incorpora y se inclina sobe mí, besa suavemente está vez mis labios, me besas en mis dos ojos cerrados, dice que le encanta besarme mis ojos, hace una pequeña señal de la cruz en mi frente y la besa también con mucho cariño, me dice tiernamente “te quiero”, “buenas noches mi amor” y reza a media voz un “Padre nuestro” y un “Ave María”, muy despacio, saboreando cada palabra, “santificado en nosotros y en nuestro amor, sea tu Nombre,” que nuestra vida y nuestro matrimonio sea hacer presente “tu reino”, que tu pan Señor, llene nuestras almas y nuestros cuerpos y cada día sepamos repartirlo a nuestros hermanos que carecen de él, que nuestra vida sena limpia a tus ojos, amén.
Madre de Dios, llena nuestras vidas como Dios llenó la tuya de su gracia y amor, sé nuestra Madre en cada momento del día, y cuando llegue la hora de ir al Padre, estés como Madre a la Puerta de su Casa, de nuestra Casa, esperándonos. Amén. Y yo entre sueños ya le respondía, amén, amén, amén, José Carlos yo también te quiero con todo mi ser a ti, amor mío.
Estas son mis impresiones espirituales de nuestro, ojo, no mi viaje, sino nuestro viaje de novios.
Me queda contarte paso a paso todo lo que hicimos y todo lo que vimos. El viaje diríamos que físico,
material, lugares, hoteles, paisajes, paradas y visitas, playas, descanso, conversaciones, etc.
Pero no quiero dejar de contarte la magnífica sorpresa que tuvimos en el aeropuerto ayer al llegar. Cómo llegábamos un poco tarde, no demasiado, a las diez menos cuarto de la noche, sábado, todo el mundo ocupado, habíamos quedado con Luís, el hermano pequeño de José Carlos, para esto sirven los móviles, que nos dejara nuestro coche en el aeropuerto, en el parking, nosotros teníamos otra llave, y así podíamos volver a casa, nuestra casa, nuestro hogar, sin molestar a nadie, nuestras familias también querían dejarnos solo en esta primera entrada a nuestro nuevo nido, qué cursi, “nido”. Fueron en o coches, el nuestro y el de Isabel, su novia, dejaron el nuestro y se volvieron a una fiesta de amigos.
Así que bajamos del avión, José Carlos buscó las llaves de coche en su maleta de mano, un bonito maletín de esos de rueda pequeño para el compartimiento de equipaje de mano, en forma de cartera de documentos, y donde iban todos los prospectos, guías, tríptico y demás bagajes turísticos, más billetes, cámara de foto y tomavistas, etc. nos dirigimos cogidos de la mano a la cinta de las maletas, nos enlazamos por la cintura, yo a él, y esperamos pacientemente a que salieran nuestras dos flamantes maletas regalo de boda de sus tíos Cheche y Andrés.
Rodamos nuestras maletas hacia la puerta de salida, por fin Gran Canaria, y salimos casi sin fijarnos en nadie para ir al aparcamiento por nuestro coche. De pronto nos sentimos rodeados, abrazados, aplaudidos, y hasta apretujados por diez brazos amigos y cariñosos. Un gran ramo de flores rojas, rosas preciosas, cayó en mis manos, y Mónica Francisco Javier, María y Tomás, Isabela y Juan Carlos, Clara y Jorge, nos hablaban, felicitaban y preguntaban todos al mismo tiempo. No estaban Magdalena y Pedro pues la niña es aún pequeña para no dormir a sus horas, pero nos mandaban un abrazo muy fuerte. Eso tengo que decir yo, “qué fuerte el cariño y el recibimiento de estos hermanos queridos”
Arrastramos rodando las maletas al aparcamiento y como habían venido en dos coches, juntos, nos volvimos en tres, viniéndose Isabela y Juan Carlos en el nuestro. Nos subieron las maletas, Tomás tomó las llaves de a casa de las manos de José Carlos, abrió la puerta de nuestra casa, adosado con jardincito de entrada, encendió la luz del porche, y formaron una fila a cada lado de la puerta para que José Carlos me tomara en sus brazos y me introdujera en la casa. Aplaudieron de nuevo e hicieron que al dejarme ya dentro en el suelo, nos besáramos fuerte y largamente. La verdad que no me corté ni un poco. Cuando terminé el primer beso volví a repetir otro más apretado y jugoso en los labios más queridos de mi vida, los de José Carlos, creo que ya muy gastados por los muchos que le o nos hemos dado en este viaje de novios.
Entramos en el salón un momento y nos sentamos todos. Cómo son tan amigos y tan discretos casi nada más sentarse ya estaba en pié Clara para marcharse todos y dejarnos solos.
Sólo queríamos compartir con ustedes, vosotros, dijeron los “pininsulares” y “extranjeros” la llegada a casa y añadió Tomás pícaramente “y vuestro beso, bueno bezazo, de entrada en vuestra casa.
Se fueron entre apretones de manos y “hasta en sábado en Misa”, bienvenidos, felicidades y enhorabuenas.
Cómo queremos José Carlos y yo a estos “malvados amigos” La uña y la carne no pueden estar más unidas que ellos a mi corazón, a nuestro corazón.
No te puedo contar lo que ocurrió luego cuando nos quedamos solos. Las maletas quedaron sin deshacer y creo, qué vergüenza me da contártelo, y qué gozo me da haberlo vivido, que nuestra ropa fue quedando tirada por el salón, la escalera y el dormitorio y que llegué a nuestra cama tan desnuda como la noche de boda, en brazo del hombre desnudo más bello y varonil del mundo, también claro, totalmente desnudo. “Mi amado es para mí y yo soy para mi amado” Poséeme, José Carlos, con toda la vehemencia de tu amor, que yo deseo ardientemente poseerte en tu cuerpo, en tu alma y en tu persona entera, con toda la fuerza de mi inmensa pasión por ti a flor de pie, en mi todos los rincones de mi cuerpo.
Claro que Dios hizo el amor matrimonial bello, limpio, ardiente y maravilloso para que seamos dos en una sola carne y una sola carne en una sola alma unidas las dos en el amor.
Quién puede dudar que así la sexualidad es unos de los regamos más maravillosos de Dios al hombre y que tiene un profundísimo sentido humano dentro la d propia naturaleza humana.
¡Bendito sea Dios! Buenas noches José Carlos, buenas noche diario querido. Hasta mañana.
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Mi Diario a seis de junio de 2004. Domingo. Tarde-noche.
El hogar compartido con José Carlos. La vuelta a casa.
Hemos llegado ayer, cinco, sábado por la noche pero antes de contarte la llegada tengo que decirte la extraordinaria suerte, no suerte no, Providencia, amor cuidadoso de Dios Padre, que he tenido al cruzarse mi vida con la de José Carlos.
He de confesarte, lo primero y apasionadamente, que José Carlos es maravilloso. Maravilloso, maravilloso, maravilloso. Así se puede resumir todo mi viaje de novios. Es lo que se decía antiguamente un “caballero”. Delicado, atento, servicial, protector sin que te sientas superprotegida o disminuida, paciente, alegre, hasta chistoso a veces, dentro de lo cortés, - me hacia reír hasta casi llorar y tenía que reprimir mis carcajadas para no parecer vulgar,- aventurero y lanzado, pero comedido y prudente, culto y nada pedante de su cultura, había preparado el viaje de novios en cada segundo y se sabía todos los pueblos, sus costumbres, su cultura o peculiaridades, su historia, su geografía y sus lugares peculiares, monumentos, Iglesias, Museos, paseos, vistas bonitas o panorámicas, miradores en la carretera, mesones y restaurantes donde comer lo típico o apetitoso, playas donde bañarse o tomar el sol, y un sin fin de detalles que me dejó admirada. Es fino, delicado, elegante pero sencillo, amable, previsor, buen conversador, sabe cuando callar y escuchar, atento a l que yo le pueda decir, - estas dos virtudes ya las había yo saboreado muchísimo durante nuestro noviazgo, como otras muchas, educado hasta decir basta, - me abre la puerta del coche siempre antes de entrar él, me deja pasar siempre delante, me espera para empezar a comer, está atento a que no me falte el vino o el agua, me coge del brazo para subir una cuesta o escalera, y a veces graciosamente antes de entrar en nuestro cuarto, de noche, al volver de cenar y bailar, me hace una reverencia al estilo medieval, inclinándose hasta la cintura , con un gesto del brazo y la mano, para dejarme entrar primero y hacerme reír un poco. Luego entra él y tras cerrar la puerta, me coge por el talle, me aprieta contra sí y busca mis labios apasionada y cariñosamente.
Bueno y detallista hasta la exageración. Cada vez que llegábamos una posada nueva, casa rural, hotel, apartamento, etc. Siempre al abrir la puerta de nuestro cuarto me encontraba un pequeño florero sobre la mesa o mi mesilla d noche con una rosa roja, tan hermosa como las que me llevó escondidas en su mochila el día de su declaración.
Por otro lado es tierno, cariñoso, hasta un poco la exageración, pero sin llegar a ser meloso y relamido, salamero, puntual, y sin llegamos a el amor sexual y de pareja , te lo diré sin rubor, llena mi cuerpo hasta la plenitud, me hace desbordar y desbordarme, es vehemente y creativo, atento a darme placer y a llenar todas mis apetencias y mis sensibilidades, y cuando caemos rendidos y exhaustos, después de llegar a la cumbre del amor y del sexo, esperándome hasta que yo llego a la sima de mi montaña gozoso y de placer, y ya casi no tengo fuerzas nada más que para darle la mano, tendido y desnuda a su lado y me voy quedando dormida con los ojos muy cerrados, , se incorpora y se inclina sobe mí, besa suavemente está vez mis labios, me besas en mis dos ojos cerrados, dice que le encanta besarme mis ojos, hace una pequeña señal de la cruz en mi frente y la besa también con mucho cariño, me dice tiernamente “te quiero”, “buenas noches mi amor” y reza a media voz un “Padre nuestro” y un “Ave María”, muy despacio, saboreando cada palabra, “santificado en nosotros y en nuestro amor, sea tu Nombre,” que nuestra vida y nuestro matrimonio sea hacer presente “tu reino”, que tu pan Señor, llene nuestras almas y nuestros cuerpos y cada día sepamos repartirlo a nuestros hermanos que carecen de él, que nuestra vida sena limpia a tus ojos, amén.
Madre de Dios, llena nuestras vidas como Dios llenó la tuya de su gracia y amor, sé nuestra Madre en cada momento del día, y cuando llegue la hora de ir al Padre, estés como Madre a la Puerta de su Casa, de nuestra Casa, esperándonos. Amén. Y yo entre sueños ya le respondía, amén, amén, amén, José Carlos yo también te quiero con todo mi ser a ti, amor mío.
Estas son mis impresiones espirituales de nuestro, ojo, no mi viaje, sino nuestro viaje de novios.
Me queda contarte paso a paso todo lo que hicimos y todo lo que vimos. El viaje diríamos que físico,
material, lugares, hoteles, paisajes, paradas y visitas, playas, descanso, conversaciones, etc.
Pero no quiero dejar de contarte la magnífica sorpresa que tuvimos en el aeropuerto ayer al llegar. Cómo llegábamos un poco tarde, no demasiado, a las diez menos cuarto de la noche, sábado, todo el mundo ocupado, habíamos quedado con Luís, el hermano pequeño de José Carlos, para esto sirven los móviles, que nos dejara nuestro coche en el aeropuerto, en el parking, nosotros teníamos otra llave, y así podíamos volver a casa, nuestra casa, nuestro hogar, sin molestar a nadie, nuestras familias también querían dejarnos solo en esta primera entrada a nuestro nuevo nido, qué cursi, “nido”. Fueron en o coches, el nuestro y el de Isabel, su novia, dejaron el nuestro y se volvieron a una fiesta de amigos.
Así que bajamos del avión, José Carlos buscó las llaves de coche en su maleta de mano, un bonito maletín de esos de rueda pequeño para el compartimiento de equipaje de mano, en forma de cartera de documentos, y donde iban todos los prospectos, guías, tríptico y demás bagajes turísticos, más billetes, cámara de foto y tomavistas, etc. nos dirigimos cogidos de la mano a la cinta de las maletas, nos enlazamos por la cintura, yo a él, y esperamos pacientemente a que salieran nuestras dos flamantes maletas regalo de boda de sus tíos Cheche y Andrés.
Rodamos nuestras maletas hacia la puerta de salida, por fin Gran Canaria, y salimos casi sin fijarnos en nadie para ir al aparcamiento por nuestro coche. De pronto nos sentimos rodeados, abrazados, aplaudidos, y hasta apretujados por diez brazos amigos y cariñosos. Un gran ramo de flores rojas, rosas preciosas, cayó en mis manos, y Mónica Francisco Javier, María y Tomás, Isabela y Juan Carlos, Clara y Jorge, nos hablaban, felicitaban y preguntaban todos al mismo tiempo. No estaban Magdalena y Pedro pues la niña es aún pequeña para no dormir a sus horas, pero nos mandaban un abrazo muy fuerte. Eso tengo que decir yo, “qué fuerte el cariño y el recibimiento de estos hermanos queridos”
Arrastramos rodando las maletas al aparcamiento y como habían venido en dos coches, juntos, nos volvimos en tres, viniéndose Isabela y Juan Carlos en el nuestro. Nos subieron las maletas, Tomás tomó las llaves de a casa de las manos de José Carlos, abrió la puerta de nuestra casa, adosado con jardincito de entrada, encendió la luz del porche, y formaron una fila a cada lado de la puerta para que José Carlos me tomara en sus brazos y me introdujera en la casa. Aplaudieron de nuevo e hicieron que al dejarme ya dentro en el suelo, nos besáramos fuerte y largamente. La verdad que no me corté ni un poco. Cuando terminé el primer beso volví a repetir otro más apretado y jugoso en los labios más queridos de mi vida, los de José Carlos, creo que ya muy gastados por los muchos que le o nos hemos dado en este viaje de novios.
Entramos en el salón un momento y nos sentamos todos. Cómo son tan amigos y tan discretos casi nada más sentarse ya estaba en pié Clara para marcharse todos y dejarnos solos.
Sólo queríamos compartir con ustedes, vosotros, dijeron los “pininsulares” y “extranjeros” la llegada a casa y añadió Tomás pícaramente “y vuestro beso, bueno bezazo, de entrada en vuestra casa.
Se fueron entre apretones de manos y “hasta en sábado en Misa”, bienvenidos, felicidades y enhorabuenas.
Cómo queremos José Carlos y yo a estos “malvados amigos” La uña y la carne no pueden estar más unidas que ellos a mi corazón, a nuestro corazón.
No te puedo contar lo que ocurrió luego cuando nos quedamos solos. Las maletas quedaron sin deshacer y creo, qué vergüenza me da contártelo, y qué gozo me da haberlo vivido, que nuestra ropa fue quedando tirada por el salón, la escalera y el dormitorio y que llegué a nuestra cama tan desnuda como la noche de boda, en brazo del hombre desnudo más bello y varonil del mundo, también claro, totalmente desnudo. “Mi amado es para mí y yo soy para mi amado” Poséeme, José Carlos, con toda la vehemencia de tu amor, que yo deseo ardientemente poseerte en tu cuerpo, en tu alma y en tu persona entera, con toda la fuerza de mi inmensa pasión por ti a flor de pie, en mi todos los rincones de mi cuerpo.
Claro que Dios hizo el amor matrimonial bello, limpio, ardiente y maravilloso para que seamos dos en una sola carne y una sola carne en una sola alma unidas las dos en el amor.
Quién puede dudar que así la sexualidad es unos de los regamos más maravillosos de Dios al hombre y que tiene un profundísimo sentido humano dentro la d propia naturaleza humana.
¡Bendito sea Dios! Buenas noches José Carlos, buenas noche diario querido. Hasta mañana.
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32.- "Fuimos a comer con sus padres"
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Mi Diario a siete de junio de 2004. Lunes.
Ayer, seis, fuimos a comer a casa de los padres de José Carlos. Pasamos la tarde con ellos, entre fotos y pequeñas películas del viaje de novios, y para ver las fotos de nuestra boda y el video, que ya le había entregado a su madre el fotógrafo de la boda.
El video es formidable y será un recuerdo eterno de nuestro amor. José Carlos dice que he salido guapísima y yo me veo normal, si seré presumida, pero el que está imponente es el de guapo y sonriente. Mi madre y su madre son casi dos modelos para su edad, son aún muy jóvenes, y la entrada del brazo de mi adre es impresionante. Un momento se ve a todo el grupo y a Elena, que bien le sienta ese vestido y qué estilosa es, y a Carlos, sonriente y feliz de vernos tan felices.
Luego se les ve en su mesa todos alrededor de esos candelabros altos llenos de cinco velas, uvas, flores blancas tan preciosos. También tenemos unas fotos de ellos tanto en la Iglesia como en el Hotel.
No te puedo comentar todas las fotos pues estaría escribiendo toda la noche, pero te diré que Isabela estaba impresionante y que mis primas y sus primos y hermanos de nosotros dos lo pasaron tan bien y bailaron tanto que no se si va a salir otra boda de esta.
Desde luego la madre de José Carlos es todo corazón y adora a sus tres hijos. José Carlos, el mayor, Luís que está terminando la carrera y ya tiene novia, Isabelita, y la pequeña la niña de los ojos d su padre, Belencita, que aún le quedan dos años para la Uni.
Mañana ocho, martes, hemos de cenar con mis padres que se van pasado mañana de crucero con unos amigos quince días, cómo viven, bueno no puedo quejarme que nosotros nos hemos pasado veintiocho en el viaje más maravilloso de mi vida.
No lo puedo remediar. ¡Cómo te quiero, José Carlos!
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Mi Diario a siete de junio de 2004. Lunes.
Ayer, seis, fuimos a comer a casa de los padres de José Carlos. Pasamos la tarde con ellos, entre fotos y pequeñas películas del viaje de novios, y para ver las fotos de nuestra boda y el video, que ya le había entregado a su madre el fotógrafo de la boda.
El video es formidable y será un recuerdo eterno de nuestro amor. José Carlos dice que he salido guapísima y yo me veo normal, si seré presumida, pero el que está imponente es el de guapo y sonriente. Mi madre y su madre son casi dos modelos para su edad, son aún muy jóvenes, y la entrada del brazo de mi adre es impresionante. Un momento se ve a todo el grupo y a Elena, que bien le sienta ese vestido y qué estilosa es, y a Carlos, sonriente y feliz de vernos tan felices.
Luego se les ve en su mesa todos alrededor de esos candelabros altos llenos de cinco velas, uvas, flores blancas tan preciosos. También tenemos unas fotos de ellos tanto en la Iglesia como en el Hotel.
No te puedo comentar todas las fotos pues estaría escribiendo toda la noche, pero te diré que Isabela estaba impresionante y que mis primas y sus primos y hermanos de nosotros dos lo pasaron tan bien y bailaron tanto que no se si va a salir otra boda de esta.
Desde luego la madre de José Carlos es todo corazón y adora a sus tres hijos. José Carlos, el mayor, Luís que está terminando la carrera y ya tiene novia, Isabelita, y la pequeña la niña de los ojos d su padre, Belencita, que aún le quedan dos años para la Uni.
Mañana ocho, martes, hemos de cenar con mis padres que se van pasado mañana de crucero con unos amigos quince días, cómo viven, bueno no puedo quejarme que nosotros nos hemos pasado veintiocho en el viaje más maravilloso de mi vida.
No lo puedo remediar. ¡Cómo te quiero, José Carlos!
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33.- Reunión al año de todo el Cursillo del 2003"
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Mi Diario. Reunión del doce de junio de 2004. Sábado.
Reunión de todo el Cursillo de 2003.
Hoy nos hemos vuelto a incorporar a nuestro grupo. Pero para más felicidad ha venido a celebrar el año de Cursillo de EL MADROÑAL casi todos los que hicimos el cursillo juntos.
¡Qué alegría desbordante la de verlos a todos! ¡Qué alegría excepcional el volver a abrazar a Mónica, a mi querida y admirada Mónica, a Francisco Javier, a María y a Tomás, a Isabela y Juan Carlos, a Magdalena y a Pedro, a Clara y Jorge, mis amigos del alma y del grupo!
Creo que el abrazo que les di a Elena primero y a Carlos después fue casi interminable. De pronto sentí que había vuelto a la Casa del Padre y que allí estaban mis hermanos del alma.
¡Cómo se puede llegar a querer tanto a unos amigos en tan poco tiempo! ¡ Cómo se pueden crear lazos tan profundo, de compresión, cariño, intimidad y solidaridad compartida, compenetración y sentido de Iglesia, nuestra pequeña comunidad eclesial de fe, de esperanza y de amor, de caridad a todos los hombres, a todos los hermanos, a todos los hijos de nuestro amado Padre Misericordioso, del Padre de nuestro adorado y señor, hermano mayor, Jesucristo!
La fe y el amor, vividos en la comunidad de creyentes y seguidores de Jesús, han
transformado nuestras vidas, la de José Carlos y la mía.
Bueno fue una gran felicidad ver a todos los demás, sobretodo a los que han guardado un contacto mayor con nosotros, en especial a Julia y Ernesto que fueron los primero en casarse.
He de repetirte que todo el grupo, menos Magdalena y Pedro que no tuvieron con quien dejar la niña, pues sus padres ya se fueron d vacaciones, ¡no me quejo, Diario! Yo acabo de volver, estaban esperándonos en la puerta de nuestra casa el día seis cuando volvimos como te conté.
Nos reunimos en Misa en El Madroñal con Don Matías. Bendijo a Dios por todas las gracias recibidas durante todo ese año desde que terminamos el Cursillo. Bendijo a Dios por las parejas que se habían casado ya durante este tiempo, casi todas, y por cinco embarazos, “nuevos cristianitos” los llamó él, de otras tantas parejas. Pidió a Dios bendiciones para las que aún quedaban por casarse, nuestro grupo ya estamos todos casados, José Carlos y yo hemos sido los últimos hace unos días, y lloró sin lagrimas por una pareja de novios que rompió después del cursillo y antes de la boda, y casi con lágrimas por Cecilia y Daniel, Daniel estaba allí con nosotros, que tras tres meses de boda se separaron hacía muy poco.
La verdad es que sentí tanto lo de Cecilia y Daniel que yo también sentí un dolor profundo porque es duro aceptar que el amor pueda enfermar y morir. ¿Hasta dónde es amor, ese amor que se rompe, Señor? ¿Cómo podemos romper y matar un amor que está bendecido por Dios en el Sacramento y que El, poder infinito, absoluto y amoroso, se ha comprometido a no solo conservar sino aumentar y santificar, por la Alianza eterna con los esposos?
Después de la Misa pasamos al bar de al lado, “El rincón de El Madroñal” y en la mesa interior, larga y apaisada, y en dos o tres más nos sentamos a toar y compartir unas cervezas y unas botellas de vino del Monte, entre un montón de tapas y raciones.
Charlamos por los codos, saltábamos de mesa en mesa para compartir con todos y que nos fueran contando bodas, dónde vivían, trabajo, embarazos, y mil cosas más de mujeres y de hombres. Fueron unos momentos cariñosos y amigables, pues en el cursillo fue imposible compartir con todos. Yo procuré estar un rato grande con Daniel y con aquellas parejas no del grupo que hacía mucho tiempo que no veía o que no había visto desde el cursillo. Algunas parejas nos preguntaron por nuestro grupo. ¿Os habéis seguido reuniendo? ¡Qué maravilla! ¿Qué hacéis? ¿De qué habláis? Nos gustaría veros algún día. Venir por casa. Intercambio de direcciones, nuevos teléfonos de casas y casados y promesas de vernos.
Mónica, siempre Mónica, me dijo luego por teléfono, que ha quedado con otras cinco parejas para verse y ver si ellos también pueden ir formando un grupo. Mónica las caza al vuelo. ¡Si yo puedo compartir con otras parejas, me dijo, el bien inmenso que el Señor me ha hecho con vuestra amistad y nuestro grupo, no tengo derecho a no dárselo! Le dije que contara con nosotros y a José Carlos le pareció muy bien. Tenemos que hablar también con Don Matías, con Elena y con Carlos. La mayoría le comentó que les parecería maravilloso reunirse e ir profundizando en el tema de la sexualidad y la paternidad
responsable, y en la educación de los hijos.
José Carlos me dijo que mañana domingo quería hablar conmigo del largísimo aparte que hizo con Daniel, en que le contó la terrible odisea de su ruptura y separación y los meses de angustia y dolor que había pasado y pasaba aún, pues le dijo, “José Carlos, yo aún la quiero. Sigo profundamente enamorado de ella. La sigo sintiendo y sabiendo mi mujer ante Dios y los hombres, pero sobretodo ante mi carazón y mi alma”.
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Mi Diario. Reunión del doce de junio de 2004. Sábado.
Reunión de todo el Cursillo de 2003.
Hoy nos hemos vuelto a incorporar a nuestro grupo. Pero para más felicidad ha venido a celebrar el año de Cursillo de EL MADROÑAL casi todos los que hicimos el cursillo juntos.
¡Qué alegría desbordante la de verlos a todos! ¡Qué alegría excepcional el volver a abrazar a Mónica, a mi querida y admirada Mónica, a Francisco Javier, a María y a Tomás, a Isabela y Juan Carlos, a Magdalena y a Pedro, a Clara y Jorge, mis amigos del alma y del grupo!
Creo que el abrazo que les di a Elena primero y a Carlos después fue casi interminable. De pronto sentí que había vuelto a la Casa del Padre y que allí estaban mis hermanos del alma.
¡Cómo se puede llegar a querer tanto a unos amigos en tan poco tiempo! ¡ Cómo se pueden crear lazos tan profundo, de compresión, cariño, intimidad y solidaridad compartida, compenetración y sentido de Iglesia, nuestra pequeña comunidad eclesial de fe, de esperanza y de amor, de caridad a todos los hombres, a todos los hermanos, a todos los hijos de nuestro amado Padre Misericordioso, del Padre de nuestro adorado y señor, hermano mayor, Jesucristo!
La fe y el amor, vividos en la comunidad de creyentes y seguidores de Jesús, han
transformado nuestras vidas, la de José Carlos y la mía.
Bueno fue una gran felicidad ver a todos los demás, sobretodo a los que han guardado un contacto mayor con nosotros, en especial a Julia y Ernesto que fueron los primero en casarse.
He de repetirte que todo el grupo, menos Magdalena y Pedro que no tuvieron con quien dejar la niña, pues sus padres ya se fueron d vacaciones, ¡no me quejo, Diario! Yo acabo de volver, estaban esperándonos en la puerta de nuestra casa el día seis cuando volvimos como te conté.
Nos reunimos en Misa en El Madroñal con Don Matías. Bendijo a Dios por todas las gracias recibidas durante todo ese año desde que terminamos el Cursillo. Bendijo a Dios por las parejas que se habían casado ya durante este tiempo, casi todas, y por cinco embarazos, “nuevos cristianitos” los llamó él, de otras tantas parejas. Pidió a Dios bendiciones para las que aún quedaban por casarse, nuestro grupo ya estamos todos casados, José Carlos y yo hemos sido los últimos hace unos días, y lloró sin lagrimas por una pareja de novios que rompió después del cursillo y antes de la boda, y casi con lágrimas por Cecilia y Daniel, Daniel estaba allí con nosotros, que tras tres meses de boda se separaron hacía muy poco.
La verdad es que sentí tanto lo de Cecilia y Daniel que yo también sentí un dolor profundo porque es duro aceptar que el amor pueda enfermar y morir. ¿Hasta dónde es amor, ese amor que se rompe, Señor? ¿Cómo podemos romper y matar un amor que está bendecido por Dios en el Sacramento y que El, poder infinito, absoluto y amoroso, se ha comprometido a no solo conservar sino aumentar y santificar, por la Alianza eterna con los esposos?
Después de la Misa pasamos al bar de al lado, “El rincón de El Madroñal” y en la mesa interior, larga y apaisada, y en dos o tres más nos sentamos a toar y compartir unas cervezas y unas botellas de vino del Monte, entre un montón de tapas y raciones.
Charlamos por los codos, saltábamos de mesa en mesa para compartir con todos y que nos fueran contando bodas, dónde vivían, trabajo, embarazos, y mil cosas más de mujeres y de hombres. Fueron unos momentos cariñosos y amigables, pues en el cursillo fue imposible compartir con todos. Yo procuré estar un rato grande con Daniel y con aquellas parejas no del grupo que hacía mucho tiempo que no veía o que no había visto desde el cursillo. Algunas parejas nos preguntaron por nuestro grupo. ¿Os habéis seguido reuniendo? ¡Qué maravilla! ¿Qué hacéis? ¿De qué habláis? Nos gustaría veros algún día. Venir por casa. Intercambio de direcciones, nuevos teléfonos de casas y casados y promesas de vernos.
Mónica, siempre Mónica, me dijo luego por teléfono, que ha quedado con otras cinco parejas para verse y ver si ellos también pueden ir formando un grupo. Mónica las caza al vuelo. ¡Si yo puedo compartir con otras parejas, me dijo, el bien inmenso que el Señor me ha hecho con vuestra amistad y nuestro grupo, no tengo derecho a no dárselo! Le dije que contara con nosotros y a José Carlos le pareció muy bien. Tenemos que hablar también con Don Matías, con Elena y con Carlos. La mayoría le comentó que les parecería maravilloso reunirse e ir profundizando en el tema de la sexualidad y la paternidad
responsable, y en la educación de los hijos.
José Carlos me dijo que mañana domingo quería hablar conmigo del largísimo aparte que hizo con Daniel, en que le contó la terrible odisea de su ruptura y separación y los meses de angustia y dolor que había pasado y pasaba aún, pues le dijo, “José Carlos, yo aún la quiero. Sigo profundamente enamorado de ella. La sigo sintiendo y sabiendo mi mujer ante Dios y los hombres, pero sobretodo ante mi carazón y mi alma”.
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34.- "Separación de Daniel y Cecilia"
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Mi Diario a trece de junio de 2004. Domingo noche.
Hoy nos tocó excursión y perdernos por los paisajes de Gran Canaria los dos solos pues mis padres ya se han ido de vacaciones y con los de José Carlos comimos el domingo pasado, nada más llegar del viaje la noche del sábado, y pasamos la tarde con ellos, entre fotos y pequeñas películas del viaje de novios, y para ver las fotos de nuestra boda y el video, que ya le había entregado a su madre el fotógrafo de la boda. A los míos los vimos en día ocho por la noche pues cogían un avión el nueve para darse “un paseo” por los fiordos noruegos con otras tres parejas, amigos de siempre.
En el hueco de nuestro recorrido José Carlos compartió conmigo los amargos momentos por los que pasa Daniel.
No la conocía en lo más mínimo, José Carlos. De parecerme siempre y haberla visto y sentido como la chica más dulce y amable, hasta conformista, sí lo que tu quieras, era la frase que no se le caía de la boca, a ser seca, huraña, mandona, tirante, opresiva, orgullosa, despreciativa, yo era y soy un cero a la izquierda, imponiéndose en todo, no aceptando ni siquiera oír otras opiniones o decisiones que las suyas, amante y avariciosa del dinero, lo suyo, suyo y lo mío también suyo, estirada, su amigos eran los auténticos y buenos, los míos un desastre, mauros, campesinos y patanes, los suyos intelectuales de última generación, progresistas, qué entenderán ellos por progresismo, cuando a veces, muchas veces es solo una palabra vacía y huera que no sustenta más que ideas pasadas, retrógradas y destructoras de la cultura que con tanto esfuerzo ha ido conquistando la humanidad, y por tanto los únicos de tratar y con los que salir para que la conversación fuera de calidad y altura, y no de trapos entre ellas y de fútbol entre nosotros como era entre mis parejas amigas.
Se volvió de sencilla en presumida, de ahorradora en despilfarradora si era para ropa cara, perfumes exóticos adornos suntuosos.
Me iba convirtiendo en el criado de la casa, pero ni siquiera en el mayordomo sino en chico de las cuadras y la limpieza.
Casi, José Carlos, me da una vergüenza inmensa decírtelo, no podía “tocarla” y sentí que era solo objeto de su placer cuando ella necesitaba placer pues eso sí era ardiente como el fuego y yo el gigoló no de turno, aunque pensé que pronto podía pasar a serlo, a quien se acudía para que calmara y llenara sus apetencias sexuales o sensuales y sus imaginaciones, fantasías y sueños erótico, que a veces rozaban lo aberrante, inhumano e irracional.
Mi hogar en vez de ser dulce y apacible, tranquilo y acogedor, se convirtió el un infierno de guerra y desprecios, y ella en vez de la chica maravillosa que tantas veces se había apretado contra mi pecho pidiendo protección y acogida, el un sargento de caballería.
Empecé a sospechar que había estado disimulando todo el noviazgo, ¡qué fuerte, cuatro años! y yo sin conocerla, para poder casarse pues para ella debía ser la boda una liberación de la casa de sus padres, donde la autoridad paterna era cuartelera y de obediencia ciega, y la materna estaba llena de “vida social vacía” llena de figurar y del qué dirán y desde luego despreocupada y totalmente alejada de los hijos.
¿Pero se puede disimular tanto, ser tan camaleónica durante tanto tiempo y no tener ni unos resquicios de debilidades en la simulación?
¡Dios mío, lo que tiene que haber sufrido Daniel, al ir descubriendo tan de sopetón el fracaso íntimo y moral de su matrimonio y la desfachatez de ella que nunca fe con él quien realmente era?
¿Se puede ser tan huera y vacía y tan sin cabeza que se llegue a un compromiso tan serio como formar pareja y para siempre por el Sacramento, sabiendo que no iba a durar ni un asalto?
¿Cómo pudo besar, amar, charlar, y comunicarse con Daniel, cuando le estaba engañando desde el primer día?
Dicen que es mala la violencia del hombre contra la mujer y quién lo puede negar cuando muchas veces cuesta hasta la vida. Es abominable y espantosa. Pero la violencia sicológica y de convivencia dominante por parte de la mujer puede ser terrible y aterradora, mucho más sutil, pero igualmente dolorosa y repugnante.
En muy poco tiempo las cosas se degradaron tanto que el pobre de Daniel, el ingenuo de Daniel, el bendito de Daniel, se fue desrumbando hasta en sus cimientos.
Y encima la separación fue dolorosa. Aunque ella no había aportado casi nada, sólo su piel la noche de boda, por decirlo sin remilgos, se quiso quedar con todo. El piso, que había Daniel terminado de pagar
Dos meses después d la boda, el coche, los regalos de boda, los electrodomésticos, vamos dejó a Daniel en cueros, pues él, tonto de él, enamorado él, pensando que aún se podían volver atrás y ella recapitular, se lo dejó todo y sin discusión.
Yo sólo daba gracias a Dios, me decía Daniel, de que no estaba embarazada. Claro era difícil que lo estuviera pues desde la misma noche de boda dejó claro que lo de los muchos hijos que él quería y de los que habían hablado y soñado tanto, ni era posible ahora, ese día le dijo para más adelante, mientras le obligaba a tomar precauciones, para las que ella ya había traído lo necesario para él, perdóname que no te lo dijera pero no quería que discutiéramos sobre esto antes de la boda, y luego le cerró todas las posibilidades a la paternidad negándose en absoluto a poder quedarse embarazada y a tener relaciones si no era con esa condición sicológica y materialmente física.
Mucho me temo o me alegro, no sé aún claramente que el Sacramento de Daniel y Cecilia haya sido totalmente nulo a los ojos de Dios y por tanto de la Iglesia, pues la exclusión de los hijos antes del compromiso sacramental como decisión para siempre y ninguno es causa de nulidad en sí misma, ya que rompe totalmente la alianza con Dios, al no aceptar la misma naturaleza de la pareja humana y del acto carnal que es la conservación de la especie y la procreación a través del acto unitivo del amor y la entrega.
Pero no era momento, me dijo José Carlos, de hablar sobre ello en ese instante. Le invité a venir por casa y hemos quedado que le llamaría para venir a cenar algún día con nosotros.
Creo que sería un puntazo para él, a pesar de la limitación de ser solo “media naranja”, venir alguna vez a reunirse con el grupo para sentirse arropado y protegido, no abandonado y solo.
Pero esto es decisión del grupo y quizás no conveniente hasta más adelante. Ya lo hablaremos.
El resto d la excursión quedó impregnado de tristeza y de presencia de Daniel ausente. Rezamos juntos por él y por Cecilia, y casi sin querer se fueron deslizando las cincuenta Ave María y los cinco Padre Nuestros por nuestra carretera de vuela a casa cuando ya anochecía y las oraciones debían subir más rápidas a cielo, pues en el silencio le debían ser más fáciles oírlas al Señor.
Gracias, Señor, porque desde que nos conocimos fuimos deseando tejer ese manto profundo y bien entretejido del diálogo, la comunicación y el alma y el corazón abiertos y transparentes.
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Mi Diario a trece de junio de 2004. Domingo noche.
Hoy nos tocó excursión y perdernos por los paisajes de Gran Canaria los dos solos pues mis padres ya se han ido de vacaciones y con los de José Carlos comimos el domingo pasado, nada más llegar del viaje la noche del sábado, y pasamos la tarde con ellos, entre fotos y pequeñas películas del viaje de novios, y para ver las fotos de nuestra boda y el video, que ya le había entregado a su madre el fotógrafo de la boda. A los míos los vimos en día ocho por la noche pues cogían un avión el nueve para darse “un paseo” por los fiordos noruegos con otras tres parejas, amigos de siempre.
En el hueco de nuestro recorrido José Carlos compartió conmigo los amargos momentos por los que pasa Daniel.
No la conocía en lo más mínimo, José Carlos. De parecerme siempre y haberla visto y sentido como la chica más dulce y amable, hasta conformista, sí lo que tu quieras, era la frase que no se le caía de la boca, a ser seca, huraña, mandona, tirante, opresiva, orgullosa, despreciativa, yo era y soy un cero a la izquierda, imponiéndose en todo, no aceptando ni siquiera oír otras opiniones o decisiones que las suyas, amante y avariciosa del dinero, lo suyo, suyo y lo mío también suyo, estirada, su amigos eran los auténticos y buenos, los míos un desastre, mauros, campesinos y patanes, los suyos intelectuales de última generación, progresistas, qué entenderán ellos por progresismo, cuando a veces, muchas veces es solo una palabra vacía y huera que no sustenta más que ideas pasadas, retrógradas y destructoras de la cultura que con tanto esfuerzo ha ido conquistando la humanidad, y por tanto los únicos de tratar y con los que salir para que la conversación fuera de calidad y altura, y no de trapos entre ellas y de fútbol entre nosotros como era entre mis parejas amigas.
Se volvió de sencilla en presumida, de ahorradora en despilfarradora si era para ropa cara, perfumes exóticos adornos suntuosos.
Me iba convirtiendo en el criado de la casa, pero ni siquiera en el mayordomo sino en chico de las cuadras y la limpieza.
Casi, José Carlos, me da una vergüenza inmensa decírtelo, no podía “tocarla” y sentí que era solo objeto de su placer cuando ella necesitaba placer pues eso sí era ardiente como el fuego y yo el gigoló no de turno, aunque pensé que pronto podía pasar a serlo, a quien se acudía para que calmara y llenara sus apetencias sexuales o sensuales y sus imaginaciones, fantasías y sueños erótico, que a veces rozaban lo aberrante, inhumano e irracional.
Mi hogar en vez de ser dulce y apacible, tranquilo y acogedor, se convirtió el un infierno de guerra y desprecios, y ella en vez de la chica maravillosa que tantas veces se había apretado contra mi pecho pidiendo protección y acogida, el un sargento de caballería.
Empecé a sospechar que había estado disimulando todo el noviazgo, ¡qué fuerte, cuatro años! y yo sin conocerla, para poder casarse pues para ella debía ser la boda una liberación de la casa de sus padres, donde la autoridad paterna era cuartelera y de obediencia ciega, y la materna estaba llena de “vida social vacía” llena de figurar y del qué dirán y desde luego despreocupada y totalmente alejada de los hijos.
¿Pero se puede disimular tanto, ser tan camaleónica durante tanto tiempo y no tener ni unos resquicios de debilidades en la simulación?
¡Dios mío, lo que tiene que haber sufrido Daniel, al ir descubriendo tan de sopetón el fracaso íntimo y moral de su matrimonio y la desfachatez de ella que nunca fe con él quien realmente era?
¿Se puede ser tan huera y vacía y tan sin cabeza que se llegue a un compromiso tan serio como formar pareja y para siempre por el Sacramento, sabiendo que no iba a durar ni un asalto?
¿Cómo pudo besar, amar, charlar, y comunicarse con Daniel, cuando le estaba engañando desde el primer día?
Dicen que es mala la violencia del hombre contra la mujer y quién lo puede negar cuando muchas veces cuesta hasta la vida. Es abominable y espantosa. Pero la violencia sicológica y de convivencia dominante por parte de la mujer puede ser terrible y aterradora, mucho más sutil, pero igualmente dolorosa y repugnante.
En muy poco tiempo las cosas se degradaron tanto que el pobre de Daniel, el ingenuo de Daniel, el bendito de Daniel, se fue desrumbando hasta en sus cimientos.
Y encima la separación fue dolorosa. Aunque ella no había aportado casi nada, sólo su piel la noche de boda, por decirlo sin remilgos, se quiso quedar con todo. El piso, que había Daniel terminado de pagar
Dos meses después d la boda, el coche, los regalos de boda, los electrodomésticos, vamos dejó a Daniel en cueros, pues él, tonto de él, enamorado él, pensando que aún se podían volver atrás y ella recapitular, se lo dejó todo y sin discusión.
Yo sólo daba gracias a Dios, me decía Daniel, de que no estaba embarazada. Claro era difícil que lo estuviera pues desde la misma noche de boda dejó claro que lo de los muchos hijos que él quería y de los que habían hablado y soñado tanto, ni era posible ahora, ese día le dijo para más adelante, mientras le obligaba a tomar precauciones, para las que ella ya había traído lo necesario para él, perdóname que no te lo dijera pero no quería que discutiéramos sobre esto antes de la boda, y luego le cerró todas las posibilidades a la paternidad negándose en absoluto a poder quedarse embarazada y a tener relaciones si no era con esa condición sicológica y materialmente física.
Mucho me temo o me alegro, no sé aún claramente que el Sacramento de Daniel y Cecilia haya sido totalmente nulo a los ojos de Dios y por tanto de la Iglesia, pues la exclusión de los hijos antes del compromiso sacramental como decisión para siempre y ninguno es causa de nulidad en sí misma, ya que rompe totalmente la alianza con Dios, al no aceptar la misma naturaleza de la pareja humana y del acto carnal que es la conservación de la especie y la procreación a través del acto unitivo del amor y la entrega.
Pero no era momento, me dijo José Carlos, de hablar sobre ello en ese instante. Le invité a venir por casa y hemos quedado que le llamaría para venir a cenar algún día con nosotros.
Creo que sería un puntazo para él, a pesar de la limitación de ser solo “media naranja”, venir alguna vez a reunirse con el grupo para sentirse arropado y protegido, no abandonado y solo.
Pero esto es decisión del grupo y quizás no conveniente hasta más adelante. Ya lo hablaremos.
El resto d la excursión quedó impregnado de tristeza y de presencia de Daniel ausente. Rezamos juntos por él y por Cecilia, y casi sin querer se fueron deslizando las cincuenta Ave María y los cinco Padre Nuestros por nuestra carretera de vuela a casa cuando ya anochecía y las oraciones debían subir más rápidas a cielo, pues en el silencio le debían ser más fáciles oírlas al Señor.
Gracias, Señor, porque desde que nos conocimos fuimos deseando tejer ese manto profundo y bien entretejido del diálogo, la comunicación y el alma y el corazón abiertos y transparentes.
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